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Contra los monocultivos y minería contaminantes y a favor de la Soberanía Alimentaria y de un Proyecto Nacional Sustentable

8 de agosto de 2011

El INTA advierte sobre el impacto negativo del monocultivo de la soja sobre la vida


El Inta advierte sobre el impacto de la agricultura intensiva en el medio ambiente



El desarrollo de la agricultura intensiva en la región Pampeana supone una serie de trastornos ambientales y sociales que, más temprano que tarde, terminarán teniendo efectos económicos negativos para el modelo que propone el monocultivo de soja. Sobre ese eje giró el seminario “Servicios ecosistémicos y sustentabilidad de agroecosistemas: ¿cosechando commodities y bienestar hoy?...¿y mañana?” organizado por la Estación Experimental del Inta Oliveros, que puso el foco en la “seducción de los commodities” como atajo hacia una prosperidad que depende, en realidad, de muchos otros factores que están siendo dejados de lado.
   Durante el encuentro, especialistas del propio organismo estatal e investigadores de Brasil y Estados Unidos alertaron sobre la “simplificación” del espacio rural y el empobrecimiento ecosistémico de la región Pampeana, y pregonaron en cambio, por una agricultura multifuncional que funcione bajo reglas claras de ordenamiento territorial donde quepan los porotos verdes, el ganado, otros cultivos y fundamentalmente, la gente.

   También se pronunciaron a favor de una comunicación ambiental mucho más aceitada con el sector agropecuario, que son los tomadores de decisión y que cada día eligen modificar —o no— el paisaje que los rodea.
   Los investigadores cuestionaron además la supuesta sustentabilidad de los biocombustibles y señalaron que al dilema que significa utilizar alimentos para fabricar combustibles se le suman nuevas conclusiones sobre el balance energético entre lo que cuesta producirlos y los efectos posteriores sobre la reducción de gases de efecto invernadero.
Teorías. El propio Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) como organismo estatal eligió ser el lanzador de una serie de alertas que —si bien se vienen repitiendo desde escenarios dispersos— toman otro color cuando es el propio Estado el que los motoriza.
   Según María Elena Zaccagnini, coordinadora nacional del área estratégica de gestión ambiental de ese organismo, la disminución de la variedad de aves en la región sojera núcleo es uno de los síntomas más importantes de reducción de la complejidad ecosistémica.

   Pero además, la especialista mencionó una lista de problemas detectados que incluye la degradación de los recursos naturales (agua, aire, suelo, biodiversidad), contaminación, simplificación del espacio rural, descenso de la complejidad ambiental, empobrecimiento ecológico y socioambiental, y pérdida de resiliencia ambiental y de la adaptabilidad socio-ecológica.
   En opinión de Zaccagnini, estas mutaciones afectarán el crecimiento agropecuario en el futuro. “Habrá mayores vulnerabilidades, ya que la incertidumbre sube a medida que aumenta la agricultura intensiva y los procesos de urbanización”, dijo.

   Como primera respuesta ante esto, el Inta propone adoptar innovaciones en la investigación en gestión ambiental a partir de manejos adaptativos que dejen lugar a “decisiones flexibles y a la incorporación progresiva y constante de nuevos conocimientos”. El objetivo es monitorear la resiliencia del campo, o sea “la habilidad del sistema socio-ecológico de soportar los cambios introducidos”.
   La investigadora se mostró además a favor de una agricultura “multifuncional” que trabaje con paisajes diversificados y resaltó la necesidad de llegar a un arreglo especial del uso de la tierra a través de nuevos abordajes de la investigación, que puede por ejemplo hacerse a partir de sitios pilotos.
   Por último, insistió en la intensificación de la “comunicación ambiental con el sector agropecuario”, única manera de llegar a los tomadores de decisión, que son y serán los productores.
Impacto en Santa Fe. El mismo diagnóstico trazó Sergio Montico, titular de la cátedra de manejo de tierras de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quien habló de una “preocupación instalada” por los problemas que, irremediablemente, se trasladan del medioambiente “a la gente”.
   Según especificó, en la provincia de Santa Fe —si se comparan los censos de 1991 y de 2001— la población urbana aumentó un 10,03%, mientras que la rural disminuyó un 12,10%.
   A su vez, el territorio provincial se vio afectado por eventos climatológicos “extraordinarios” como granizadas, heladas tempranas y sequías prolongadas como consecuencia de un combo de factores que incluyen desde cambios en el clima mundial hasta mutaciones en los suelos y en los ecosistemas propios como resultado del monopolio de los cultivos de soja.

   “Las alteraciones de los suelos son evidentes, ya que la mitad de los suelos en Argentina sufre de algún tipo de degradación como compactación, menor escurrimiento, y exportación de nutrientes, ya que se repone sólo entre el 50 y el 60% de los minerales que se van con el proceso productivo”, señaló Montico.
   Para el docente está cambiando el patrón de lluvias en la región, ya que en Santa Fe “cada vez llueve más”, lo que requiere nuevas herramientas de gestión hídrica.

   “En los últimos 20 años se multiplicaron por tres las lluvias intensas en menos de 48 horas, o sea que llueve más fuerte en menos tiempo, y eso es muy preocupante”, por ejemplo porque los pastizales naturales que rodeaban las cuencas del Ludueña y del Saladillo se redujeron a la mitad en los últimos 30 años.
   “Nos apropiamos inadecuadamente del territorio, y postergamos el enfoque de manejo de cuenca para planificar sólo lo que pasa en el predio”. En ese punto, Montico instó a “evitar la seducción del commodities” para “pensar mejor” qué se hace con la tierra pampeana.





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