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Contra los monocultivos y minería contaminantes y a favor de la Soberanía Alimentaria y de un Proyecto Nacional Sustentable

20 de noviembre de 2017

Biopiratas en Córdoba: la batalla por los yuyos




Biopiratas en Córdoba: la batalla por los yuyos

16 noviembre, 2017 por Redacción La Tinta

Caminando por las sierras, tal vez usted se haya cruzado con los emisarios de un negocio inmoral que supera los 80.000 millones de dólares en todo el mundo: la biopiratería.

Por Daniel Díaz Romero para Sala de Prensa Ambiental

Stella Maris Luque, investigadora y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, manifiesta que “Instituciones, laboratorios y empresas alemanas, canadienses y norteamericanas realizan relevamientos de flora y fauna autóctona y, en forma sostenida, tientan económicamente a investigadores cordobeses para sus trabajos de biopiratería. Es una práctica habitual”, afirma.

Así, comienzan a documentarse casos en donde grandes consorcios multinacionales extraen -sin atender a ningún criterio jurídico o acuerdo internacional- muestras de suelos, plantas, hongos, agua e insectos que después, procesan en sus laboratorios, y sirven para producir nuevas enzimas, proteínas, materiales y sustancias.


Batalla por los yuyos

Poleo, ajenjo, algarrobo, tomillo, aloe y demás especies son empleados para aliviar dolores y apaciguar enfermedades. La visión convencional de ver en los bosques solamente suelos y madera ha cambiado; nuestros montes son verdaderos laboratorios naturales, farmacias vivientes y bibliotecas sin clasificar.

Cortezas, raíces, tallos, flores, hojas, frutos y semillas son utilizadas en infusiones, vapores y jarabes. De ellos se extraen gomas, gelatinas, lípidos, jugos, estimulantes, taninos, aceites, resinas, bálsamos, enzimas y vitaminas, además de tinturas, alimentos y vinos medicinales.

Tal vez, nuestros campesinos y serranos, estén sentados en un banco de oro, sin saberlo. Es que los recursos genéticos no se ven, pero están allí y se calcula que el 80% de la población rural hace uso de plantas medicinales y recursos de la medicina tradicional.
Pero la carencia de estudios para identificar y registrar todas las especies en nuestro territorio provincial, hacen que se transforme en un arca abierta para la biopiratería, porque ni siquiera sabemos que están despachando algunos investigadores e instituciones, hacia sus laboratorios en el exterior.

“Aunque existe el criterio de que la naturaleza no se puede patentar, en Estados Unidos hay tendencia a registrar todo y, si es necesario, apelan al contrabando de especies silvestres”, afirman los expertos en el tema.

Es que ahora hasta los genes se registran. Las estadísticas son apabullantes: se estima que un 25% de las medicinas que se venden en Estados Unidos provienen de compuestos extraídos de 40 plantas y que, hasta ahora, sólo se ha estudiado el 1% de las 250.000 especies de flora conocidas en el mundo.


Si es Bayer…

La doctora Cristina del Campo, ex-jefe del área jurídica de la Agencia Córdoba Ambiente, comenta que en noviembre de 1999 la Aduana detectó, en el Aeropuerto de nuestra ciudad, un cargamento ilegal de cactus protegidos por envoltorios de la industria farmacéutica Bayer. El envío tenía como destino Italia y era remitido por un investigador de del Facultad de CIencias Exactas, Físicias y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba.

La ex-funcionaria, testimonia que la provincia debió invertir mucho dinero para reimplantar los ejemplares que intentaban sacar ilegalmente del país, tras lo cual, agrega que “Muchos convenios y acuerdos de investigación entre Instituciones de nuestra provincia y organismos internacionales generan un campo abierto para el saqueo de nuestros recursos naturales”. La abogada dice: “Los investigadores, creo, no son conscientes de este peligro cuando prestan colaboración para estos proyectos.”

Mientras esto sucedía en nuestra provincia, el secuestro de una planta peruana, por parte del gobierno japonés, de gran utilidad y poco conocida, motivó un escándalo en los medios de comunicación de ese país. El Yacón, vegetal nativo de los Andes y pariente del girasol, tiene sabor dulce pero no engorda, por lo que este vegetal podría suplantar a cultivos, como la caña de azúcar.

Viendo este enorme mercado potencial, los japoneses investigaron y patentaron derivados de aquella planta por más de una década. A principios de este año, cuando el escándalo del Yacón inquietaba, la FAO trabajaba para apelar, legalmente, el patentamiento de una variedad de un cereal mexicano, por parte de una empresa de semillas estadounidense.


Capitán garfio

El problema es mundial. Tal saqueo del patrimonio natural y genético en los países subdesarrollados logró que Malasia, acorralada por la biopiratería, establezca la entrega de los premios “Capitán Garfio”, que denuncia públicamente a los principales responsables de este comercio espurio. ¿Quién está monopolizando sus genes o patentando sus plantas?, preguntan.

Ya no necesitan extraer toneladas de plantas. Ahora, de una pequeña hoja se puede regenerar una planta completa. Basta una minúscula hojita para conocer toda su composición y reconstruir el vegetal completo. Por eso, la urgencia de proteger nuestros derechos biológicos. “Necesitamos invertir en bancos de germoplasma y hacer inventarios de lo que tenemos”, sostienen los especialistas, porque ecosistemas enteros están bajo la voracidad de los mercaderes extranjeros que encuentran cómplices incautos en nuestras Universidades y Centros de Ciencias.
No traen espejitos de vidrio, sino subsidios para nuestros afligidos investigadores, y con ello, manipulan su trabajo y conocimientos.

La bióloga Stella Maris Luque, recuerda que en un Encuentro de Biodiversidad realizado en Córdoba, el Jardín Botánico Real de Kew, presentó una propuesta a un grupo de docentes e investigadores de la Universidad, ofreciéndoles formación técnica, medios de movilidad, y recursos financieros.

“Es muy tentador porque tenemos escasos recursos”, reconoce y luego explica que: “La defensa de nuestra biodiversidad, del agua, de los recursos energéticos, la efectuamos con subsidios muy reducidos y, a través de esos financiamientos externos, podemos comprar un auto para nuestras investigaciones en el campo o alguna computadora para la Facultad”. Sin embargo, advierte que “Debemos estar alertas y ponerle freno a esto porque, de manera encubierta, se entrometen en el manejo de nuestros recursos”. A cambio, dice la investigadora “Tenemos que dar un listado de especies y dejar que ellos intervengan en el manejo de las variedades y del germo-plasma que sacan de los sistemas naturales de Córdoba. Es venir y meter la mano en nuestro patrimonio natural, por eso dijimos que no, a pesar de nuestras carencias”, expresa la bióloga.

El instituto botánico inglés, que realizó la propuesta, recibe más de 2500 paquetes de semillas del mundo entero al año. Un naturalista afirma que el Jardín Botánico Real saquea, sin contemplaciones, el planeta entero.
¿Las plantitas son ajenas?

Los cordobeses, no conocemos el valor de las especies que conforman nuestra biodiversidad agrícola y silvestre: “Si queremos saber que recursos naturales tenemos, la investigación debe partir de nuestras necesidades para manejar esos saberes estratégicamente, no como siempre, que abrimos las puertas para que se lleven todo”, asegura la docente universitaria.

Esta metodología de bio-piratería, también incluye la apropiación del conocimiento tradicional, relacionado con plantas y semillas, por parte de empresas agroindustriales, farmacéuticas o de industria biotecnológica. “Se van a llevar la información y el manejo de nuestro germoplasma. Hoy, encontramos que en Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, por diferentes vías, esta gente concreta su propuesta: financian la formación de Centros de Biodiversidad, con los cuales acceden a conocer los componentes nativos de la flora y la fauna. Me atemoriza dejar en manos de extranjeros nuestros recursos naturales”, concluye Luque.

*Por Daniel Díaz Romero para Sala de Prensa Ambiental.


FUENTE: https://latinta.com.ar/2017/11/biopiratas-cordoba-yuyos/

11 de noviembre de 2017

SALTA. Denuncian afección a la salud en Vertedero San Javier


Denuncian afección a la salud en basural salteño
Publicado por Eco Sitio |

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Denuncian que el vertedero San Javier enferma a los niños de barrio Justicia

Fecha de Publicación: 11/11/2017
Fuente: La Gaceta (Salta)
Provincia/Región: Salta

Los vecinos de la zona sudeste de la ciudad afirman que sus hijos sufren problemas respiratorios y tienen enfermedades en la piel. “Acá es normal que los chicos tengan ronchas", cuentan.
La trinchera de basura del Vertedero San Javier, plazas y canchas de fútbol plagadas de residuos, muchos yuyos y pocos árboles rodean a Justicia, un barrio situado en la zona sudeste de la ciudad, donde más de 350 familias viven sumergidas en un tierral que los margina y, según cuentan, los enferma.
Sostienen que respiran un aire contaminado con el que están obligados a convivir y que repercute en la salud, especialmente de los niños y niñas con bajas defensas. “Acá es normal que los chicos tengan ronchas y granitos”, relata una vecina.
Justicia es un barrio relativamente nuevo. Desde hace cinco años está habitado por familias que antes vivían en el asentamiento San Juan. Llegaron allí luego de que el Gobierno de la provincia, a través de la Secretaría de Tierra y Hábitat, les entregara 356 módulos habitacionales, que algunos pudieron ampliar.
No tienen un centro de salud donde atenderse. Lo más cercano es el Hospital Papa Francisco o las salitas de villa Solidaridad y Primera Junta. Además, hace tiempo piden que se asfalte la calle por donde circula el colectivo. Piensan que de esa manera pueden evitar que se levante la polvareda que, según ellos y los médicos que atienden a sus pequeños, está contaminada de hongos y bacterias que ocasionan enfermedades dermatológicas y problemas respiratorios.
LA GACETA visitó Justicia y conversó con cuatro mamás Aída González, Vanesa Silvestre, Fernanda Chocobar y Mariel Nolasco, que contaron cómo es vivir al margen y en el olvido de la sociedad. 

Daño causado a las abejas por los insecticidas neonicotinoides


     


Se recrudece el debate en torno al daño causado a las abejas por los insecticidas neonicotinoides
noticiasdeabajo
19 horas ago

Por Daniel Cressey, 8 de noviembre de 2017

nature.com

Maj Rundlöf recuerda el momento en que cambió de opinión sobre los neonicotinoides. En diciembre de 2013, en su oficina de la Universidad de Lund en Suecia, ella y el estudiante de postdoctorado Georg Andersson estaban investigando los datos de su último estudio. Fue concebido para probar lo que les ocurriría a las abejas si se alimentaban de cultivos tratados con neonicotinoides, los insecticidas más utilizados en el mundo. “No esperaba ver ningún efecto, para ser sincera,”dice Rundlöf.

El polen y el néctar de las colmenas de abejas melíferas (Apis mellifera) no se vieron muy afectados por las sustancias químicas, según el estudio (1). Pero los datos sobre los abejorros (Bombus terrestris) revelaron una historia diferente. Las colonias de abejorros que no se habían alimentado con las cosechas tratadas parecían normales: estaban recogiendo alimento para sobrevivir al invierno. Pero en las colonias expuestas a los neonicotinoides, la gráfica de crecimiento era una línea uniforme.

Cuando el estudio sueco se publicó en abril de 2015, ocupó los titulares en todo el mundo. Fue el primero en demostrar que los productos químicos neonicotinoides -conocidos como neónicos- podrían dañar a las abejas de utilizarse en los cultivos agrícolas.

Las poblaciones de abejas están disminuyendo en muchas partes del mundo, una señal preocupante para los cultivos y las plantas silvestres que dependen de estos polinizadores para su supervivencia. Los parásitos, las enfermedades y la disminución de los recursos alimentarios son los principales sospechosos. Pero un vínculo con los neónicos se ha convertido en un importante punto de inflexión.

Incluso antes de que los resultados de Rundlöf fueran conocidos, la Unión Europea impuso fuertes restricciones a los tres neónicos más ampliamente utilizados en los cultivos con flores -plantas que podrían ser atractivas para las abejas- en medio de la creciente preocupación de que estos productos químicos pudieran dañar a los polinizadores. Los neónicos que vieron restringido su uso fueron imidacloprid y clotianidina, fabricados por el gigante agroquímico Bayer, y tiametoxam, fabricado por Syngenta. Pero los agricultores, la industria agroquímica y algunos científicos señalaron que la moratoria era de carácter provisional y se basaba en pruebas limitadas, recogidas en su mayoría a partir de pruebas de laboratorio.

Desde la publicación del artículo de Rundlöf, los estudios que muestran el daño causado por los plaguicidas en el campo han ido aumentando, y las organizaciones ecologistas han exigido prohibiciones más amplias. Las agencias reguladoras pronto decidirán qué hacer con los neónicos, que tienen un mercado mundial valorado en más de 1.500 millones de dólares al año. Este mes, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria de la UE debe completar una reevaluación de las pruebas para restringir la entrada de neonicotinoides; la UE tendrá que decidir entonces qué medidas adoptar. Se espera que la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidoscomplete su propia revisión de los insecticidas el próximo año. El parlamento francés ha aprobado una ley que prohibiría los neonicotinoides en 2018, aunque se permitirán algunas excepciones.

Pero los grupos industriales y algunos científicos dicen que las evidencias aún no son concluyentes. La situación es complicada: algunos estudios muestran daños a algunas abejas en algunas circunstancias, mientras que otros no encuentran ningún daño. Los resultados parecen verse afectados por muchos factores, incluyendo las especies de abejas y los tipos de cultivos involucrados. Los científicos que trabajan en la cuestión dicen que el tema se ha vuelto demasiado intrincado: cualquier estudio nuevo es reconocido por unos u otros y defendido o rechazado según el caso. Incluso los resultados del mayor estudio sobre el tema, financiado por la industria agroquímica, no logró llegar a un consenso. Publicado este año (2), obtuvo nuevas recriminaciones – incluyendo quejas de los que lo financiaron, que criticaron el estudio por el que habían pagado. En última instancia, es probable que las decisiones políticas o regulatorias resuelvan el asunto antes de que las partes enfrentadas lleguen a un acuerdo, dice Sainath Suryanarayanan, entomóloga y socióloga de la Universidad de Wisconsin-Madison que ha estudiado el tema de la salud de las abejas. “Es un patrón común en los debates sumamente polémicos y polarizados “, afirma.

El insecticida favorito en todo el mundo

A principios de la década de 1980, los científicos de Nihon Tokushu Noyaku Seizo de Tokio, un brazo de Bayer, comenzaron a utilizar la nitiazina, un insecticida producido en California una década antes. Descubrieron un nuevo compuesto que era 100 veces más efectivo para matar los parásitos de los cultivos, como los áfidos. Llamado imidacloprid, el producto químico se lanzó al mercado en la década de 1990 y rápidamente se convirtió en uno de los insecticidas más ampliamente utilizados en el mundo. A mediados de los años 2000, el imidacloprid y otros compuestos similares constituían una cuarta parte de todos los insecticidas. Estos compuestos dañan el sistema nervioso de los insectos al hacer que los nervios se activen continuamente hasta que fallan, llegando a provocar la muerte. Muchos neonicotinoides se aplican directamente a las semillas y son absorbidos por las plantas en crecimiento. Si la planta florece, los químicos llegan al polen y al néctar.


En Francia, donde las semillas de girasol cubiertas de imidacloprid salieron al mercado en 1994, los apicultores dieron la alarma. Decían que sus abejas melíferas no volvían a su colmena después de los vuelos, y echaban la culpa a los girasoles. Las preocupaciones desencadenaron una prohibición en Francia en 1999 sobre las semillas de girasol recubiertas con imidacloprid, que continúa hasta el día de hoy –”aunque se basó en el principio de precaución, en lugar de pruebas formales de daño”-, dice Axel Decourtye, investigador del Instituto de Abejas de Avignon, Francia.

Los científicos se apresuraron a encontrar esas pruebas – o evidencias de que la preocupación era exagerada. Los investigadores rápidamente descubrieron que las abejas melíferas alimentadas con altas dosis de neonicotinoides morían. E incluso dosis subletales desencadenaron un comportamiento inusual: las abejas melíferas expuestas cambiaron sus hábitos alimenticios, buscando alimentos menos a menudo pero durante períodos más largos (3). Otras investigaciones mostraron (4) que los neónicos actúan en partes del cerebro de la abeja asociadas con la memoria y el aprendizaje. Las abejas melíferas entrenadas para responder a olores particulares sacando la lengua, por ejemplo, se comportaron peor -o no aprendieron la tarea en absoluto- cuando se las dosificó con un insecticida neónico.

En cada etapa, los críticos plantearon nuevas preguntas acerca de cuán realistas eran los experimentos, dice Decourtye. “¿Cómo sabemos si las dosis de neonicotinoides son realistas? ¿De afectar a los individuos tiene algún efecto en la colonia?”

Estudios de campo

A medida que el trabajo continuó en el laboratorio, los investigadores también comenzaron a recurrir a los estudios de campo. En 2012, Decourtye y sus colegas publicaron un artículo (5 ) en el que mostraban que lo que llamaron “intoxicación por tiametoxam” parecía interferir en la capacidad de las abejas melíferas para regresar a sus colmenas después de buscar comida en el campo, al aire libre. Sin embargo, ese estudio todavía dosificaba los alimentos de las abejas con neonicotinoides, en lugar de permitirles alimentarse de cultivos tratados.

Al mismo tiempo, un equipo británico descubrió (6) que no sólo las abejas melíferas podían estar en peligro. Informaron que las colonias de abejorros expuestos a niveles “realistas en el campo” de imidacloprid en el laboratorio y luego creciendo en en campo lo hacían más lentamente que los abejorros del grupo de control. También produjeron un 85% menos de nuevas reinas. Ese trabajo fue dirigido por Dave Goulson, un investigador de abejas que actualmente trabaja en la Universidad de Sussex en Brighton, Reino Unido. En 2006, Goulson fundó una organización benéfica dedicada a la conservación de los abejorros, y la gente empezó a contarle sus preocupaciones sobre los neonicotinoides. “Para empezar, yo tenía mis dudas”, dice. Pero en 2014, el Grupo de Trabajo sobre Plaguicidas Sistémicos (TFSP) -un grupo de 30 científicos, entre ellos Goulson- anunció que había analizado 800 estudios revisados por pares sobre neonicotinoides y abejas, y encontró “suficientes pruebas para solicitar una acción por parte de las Agencias de Regulación” (8).

El estudio de Rundlöf se propuso ser el más serio hasta ahora. Su equipo sembró ocho campos en Suecia con semillas oleaginosas de colza recubiertas de clotianidina, y ocho con semillas no tratadas. Encontraron (1) no sólo que las colonias de abejorros en los campos tratados crecían peor que los grupos de control, sino también que el número de abejas silvestres en los campos tratados disminuyó. Los portavoces de la industria señalaron que las colonias de abejas melíferas no se vieron afectadas, sino que también argumentaron, por ejemplo, que los investigadores sólo habían colocado un pequeño número de abejas silvestres en los campos, por lo que los hallazgos podrían no ser estadísticamente sólidos. Sin embargo, Rundlöf señala que los investigadores también estudiaron a las abejas silvestres que volaban alrededor y que tenían los datos de la colonia de abejorros para obtenerlos. “Sé que tenemos pruebas sólidas”, dice.

A mediados de 2017, el mayor estudio realizado hasta la fecha -financiado con cerca de 3 millones de dólares por la industria- informó de sus esperados resultados (2). Científicos del Centro de Ecología e Hidrología (CEH)cerca de Wallingford, Reino Unido, habían puesto abejas melíferas, abejas albañiles (Osmia bicornis) y abejorros en 33 campos de colza en el Reino Unido, Alemania y Hungría. Esta vez, las semillas, sembradas en invierno, habían sido recubiertas con clotianidina o tiametoxam, o con un tratamiento sin neonicotinoides libre de pesticidas.

Los investigadores, liderados por el entomólogo del CEH Ben Woodcock, encontraron que sufrían más daños los abejorros y las abejas mason más expuestos a los insecticidas neonicotinoides La situación de las abejas era más complicada: en algunos casos, los neonicotinoides parecían afectar a la salud de las abejas, pero en otros no. En el Reino Unido y Hungría, los compuestos neónicos parecieron reducir el número de abejas obrera en las colmenas de las abejas melíferas; en Hungría, los investigadores también observaron menos huevos en estas colmenas, lo que indica un menor éxito reproductivo. En Alemania, sin embargo, las colmenas de abejas expuestas a los neónicos tenían más huevos – un resultado desconcertante. En general, el estudio del CEH concluyó que los neonicotinoides redujeron la capacidad de las abejas para establecer nuevas colonias después del invierno. El resumen del editor de la revista sobre el artículo se publicó bajo el título:”Daños confirmados”.

Las empresas agroquímicas que financiaron el estudio no están de acuerdo. En una conferencia de prensa celebrado en junio, cuando los científicos del CEH presentaron sus resultados -sin Woodcock, que estaba en el extranjero- los portavoces de Syngenta y Bayer dijeron a los periodistas que tanto el análisis del estudio como sus conclusiones eran cuestionables. Señalaron que el equipo de Woodcock había analizado más de 200 documentos informativos sobre las abejas melíferas; 9 mostraron un efecto negativo de los neonicotinoides, mientras que 7 fueron positivos. “La conclusión simplista publicada no refleja los datos presentados en este documento “, argumentó Peter Campbell, especialista en medio ambiente de Syngenta de Reading, Reino Unido, en una declaración publicada en los medios de comunicación.

Woodcock estaba indignado por las críticas. En una entrevista con el grupo ecologista Greenpeace, dijo que la industria lo había acusado de mentiroso. Ahora, dice, lamenta las palabras utilizadas, pero todavía cree que la industria cerró los ojos ante los resultados. “Siento que lo que dije, aunque inapropiado, no fue una reacción irrazonable “, dice. Los efectos negativos se produjeron en áreas clave relacionadas con la salud de las abejas, dice, y agrega que para las empresas industriales negar que los neonicotinoides están teniendo un efecto sobre las abejas es “probablemente ingenuo”.

Muchos de los científicos con los que la Nature habló estuvieron de acuerdo. “Creo que la mayoría de los investigadores subrayan que el debilitamiento de las poblaciones de abejas causado por los neonicotinoides está probado “, dice Decourtye. Pero no todos están tan seguros. ” La pregunta de si el daño a las abejas se traduce en un efecto sobre las poblaciones enteras de abejas es mucho más difícil de demostrar “, dice Linda Field, jefa del departamento de Biointeracciones y Protección de Cultivos de Rothamsted Research de Harpenden, Reino Unido. “Las colonias maduras pueden sobrevivir incluso si las abejas individuales se ven afectadas, porque otras abejas obreras compensan el daño”, señala Nigel Raine, biólogo de la Universidad de Guelph en Canadá. Pero las abejas solitarias, como las abejas silvestres y los abejorros reina que aparecen tras la hibernación, podrían estar en mayor riesgo.

Campbell piensa que muchos académicos son “neutrales” en la materia, pero no se expresan de manera clara al respecto. Los estudios que muestran daño a las abejas tienden a atraer la atención de los medios de comunicación, y se publican en revistas de amplia difusión, mientras que los que no muestran impacto alguno son relegados a publicaciones menos citadas, dice. Pero Goulson y Woodcock dicen que algunos de los estudios que la industria cita como que no muestran ningún daño son estadísticamente dudosos, y más imperfectos que los ensayos que muestran daño.

Christian Maus, científico líder mundial en el cuidado de las abejas de Bayer, Monheim am Rhein, Alemania, escoge sus palabras cuidadosamente. “Creo que está claro y no debatido que los neonicotinoides tienen algo de toxicidad intrínseca para las abejas “, dice. “Pero en condiciones realistas, como las que prevalecen en el campo y la práctica agrícola, no hemos visto ninguna evidencia de que puedan estar dañando a las colonias de abejas, por ejemplo, cuando se aplican correctamente “.

Efectos combinados

Los investigadores están mirando más allá de las simples relaciones entre un solo pesticida y el daño a las abejas. En un artículo de 2012 (8), Raine y sus colegas demostraron que la exposición de abejorros a un neonicotinoide en combinación con un insecticida piretroide obstaculizó su capacidad para recolectar polen. Las colonias expuestas a ambos compuestos experimentaron mayores pérdidas de abejas obreras que los controles, o colonias dosificadas con sólo uno. El estudio fue el primero en mostrar efectos combinados, dice Raine, lo cual es importante porque las abejas están expuestas a múltiples compuestos en la naturaleza. Y este año, en un artículo (9) publicado junto con el de Woodcock, un equipo canadiense que estudió las colonias de abejas melíferas cercanas del maíz descubrió que la presencia del fungicida boscalida redujo a la mitad la dosis de neonicotinoides necesaria para causar la muerte.

Ese trabajo también sugirió que los químicos neónicos pueden desplazarse lejos de las plantas que se supone deben proteger: al identificar las fuentes de granos de polen en las colmenas, los investigadores mostraron que las abejas estuvieron expuestas a los neónicos principalmente a través del polen de plantas no tratadas. Los neonicotinoides son solubles en agua – así es como se mueven de las semillas a los tejidos vegetales en crecimiento. “Pero eso también significa que pueden ser arrastrados de la semilla al suelo y tal vez a otras plantas “, dice Christian Krupke, entomólogo de la Universidad Purdue en West Lafayette, Indiana.

En un estudio (10), Krupke descubrió que sólo el 1,34% de la clotianidina aplicada como tratamiento de las semillas demaíz terminó en los tejidos del cultivo. Los neonicotinoides que penetran en el entorno más amplio podrían causar otros problemas más indirectos. Un estudio de 2014 (11) realizado en los Países Bajos, por ejemplo, reveló una disminución de las poblaciones de aves que comen insectos en zonas con altas concentraciones de neonicotinoides en el agua. Sugirió que los químicos podrían haber agotado el recurso alimenticio de las aves.

Algunos investigadores se preguntan ahora si el uso de los neonicotinoides tiene algún beneficio. En otro estudio (12), el grupo de Krupke no encontró beneficios en el rendimiento del maíz por el uso de neonicotinoides en Indiana. En este cultivo, dice, el uso profiláctico de los neonicotinoides -que a menudo forman parte de un manojo de pesticidas que se venden preaplicados a las semillas- es una tontería.

“El grupo de Krupke no encontró beneficios

en el rendimiento del maíz por el uso de

neonicotinoides en Indiana. En este cultivo, dice,

el uso profiláctico de los neonicotinoides –

que a menudo forman parte de un manojo de pesticidas

que se venden preaplicados a las semillas- es una tontería”.

La forma en que se usan no tiene sentido “, dice. “Sólo tiene sentido por un motivo: el beneficio del fabricante”.

Campbell insiste en que los neonicotinoides sí proporcionan aumentos en el rendimiento, pero gran parte de las evidencias son privadas e inéditas. Desde las restricciones de los neonicotinoides de la UE, dice Maus, la investigación sugiere que ha habido un descenso del 4% en el rendimiento de la colza oleaginosa. Independientemente de que las restricciones hayan tenido o no algún efecto, los agricultores han protestado furiosamente contra la pérdida de la capacidad de usar neonicotinoides. Los informes sugieren que muchos intentan compensar aplicando cantidades cada vez mayores de piretroides, que se rocían sobre los cultivos, en lugar de aplicarse a las semillas; estos productos químicos pueden traer sus propios riesgos para la salud si se usan en grandes cantidades, porque son tóxicos para los peces y los insectos acuáticos.

La palabra B

Los reguladores de algunos países pronto decidirán si deben tomar nuevas medidas para restringir los neonicotinoides, y aquí los investigadores están divididos. Algunos grupos, como Greenpeace y Pesticide Action Network, han defendido la prohibición del uso de neonicotinoides en todos los cultivos al aire libre, no sólo en aquellos que podrían ser atractivos para las abejas, como las flores de colza amarillo brillante.

“Muchos agricultores dependen fundamentalmente de los neonicotinoides “, dice Woodcock. Y si se restringe severamente un producto químico podría significar que se utilicen mayores cantidades de otras sustancias dañinas. “Si la gente no puede usar neonicotinoides y van a otros insecticidas, ¿es eso mejor? Hay muchos usos de efecto multiplicador “, dice Field.

“Esa preocupación apunta a mayores dudas sobre los sistemas regulatorios que permitieron la entrada en el mercado de agroquímicos como los neonicotinoides”, dice Goulson. Muchos investigadores dudan en abogar por las prohibiciones categóricas. Algunos, como Rundlöf, dicen que no es su trabajo hacer recomendaciones políticas. Pero Goulson dice que su punto de vista ha cambiado a medida que las evidencias se han incrementado. En 2014 -en el momento del primer informe de síntesis del TFSP- pensó que podría haber ciertas situaciones en las que los neonicotinoides eran la mejor opción. Pero desde entonces, dice, ha habido evidencias aún más sólidas de que las poblaciones de insectos colapsan, y es difícil regular las prohibiciones parciales. “Creo que ahora votaría a favor de una prohibición completa”, dice.

Cualquiera que sea el caso, dice Goulson, cada vez es más pesimista en cuanto a las posibilidades de que se alcance un consenso entre la industria y el mundo científico. “Estoy llegando a la conclusión de que nunca habrá un cambio de actitud “, dice. No hay nada que cualquier científico pueda hacer a estas alturas para que la gente reciba una respuesta.Nature, 551, 156–158, 9 de noviembre de 2017—————————————————————

9 de noviembre de 2017

¿EL PRÓXIMO VACA MUERTA? UN NEGOCIO DE US$ 9 BILLONES SE ESCONDE EN EL NOA





¿EL PRÓXIMO VACA MUERTA? UN NEGOCIO DE US$ 9 BILLONES SE ESCONDE EN EL NOA
EL PAÍS TIENE UNA DE LAS RESERVAS MÁS IMPORTANTES DEL MUNDO DEL MINERAL MÁS CODICIADO POR LA INDUSTRIA TECH. INICIATIVAS PÚBLICAS Y PRIVADAS QUIEREN AGREGARLE VALOR PARA NO QUEDARSE SOLAMENTE EN LA EXTRACCIÓN. LA CIFRA SE DESPRENDE DE MULTIPLICAR LAS RESERVAS DE LITIO EN TONELADAS (EN EL PAÍS) POR EL PRECIO ACTUAL DE LA TONELADA DEL MATERIAL YA ENRIQUECIDO.
Por Enrique Garabetyan - 07 de Noviembre 2017

La sigla “Li” es el símbolo del primer elemento metálico que aparece en la tabla periódica y se lo caracteriza como el más liviano de los sólidos. En su forma pura es blando y su color oscila entre plateado y blanco.

Pero el litio representa mucho más que su aburrida definición de manual de química de colegio secundario: hoy su extracción y aprovechamiento es una promesa tecnológica que puede llegar a torcer el destino económico del NOA y convertir a la Argentina en uno de los mayores proveedores globales de una materia prima que está experimentando una demanda explosiva.

Además, a diferencia de lo que ocurre con otros minerales, como el oro y la plata, el litio ofrece la posibilidad de industrializarlo, al menos parcialmente, en forma local, de manera de sumarle valor y multiplicar las posibles exportaciones por cientos de millones de dólares.

¿Por qué extraer y procesar este metal podría convertirse —en los próximos años— en un paradigma económico que iguale, o supere, a lo que hoy es la soja? “Porque el litio tiene un alto potencial electropositivo, lo que le permite ser utilizado en la elaboración de baterías para generar una enorme densidad de energía y potencia por unidad de masa”, define Ernesto Calvo, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del Conicet.


Ernesto Calvo, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas
y Naturales de la UBA e investigador del Conicet


“De hecho, las primeras pilas de litio que presentó la compañía Sony en 1991, son las que permitieron la actual revolución de la electrónica portátil donde el litio cumple un papel clave para el funcionamiento de las baterías que permiten el funcionamiento de teléfonos celulares, cámaras digitales, tablets y notebooks, entre muchos otros dispositivos”, resume quien para muchos es el mayor especialista en la materia en todo el mundo.

Lo cierto es que la demanda global de litio está explotando. Y la razón central es que así como hoy el “ícono” social por excelencia es el iPhone, en un par de décadas lo será Tesla, símbolo del auto eléctrico. “Automotrices tradicionales como Volvo se comprometieron públicamente a que, desde 2019, solo fabricarán autos eléctricos o híbridos y abandonarán los motores de combustión a nafta.

China, por su parte, anunció en forma oficial que, desde el 2025, al menos uno de cada cinco de los autos salidos de sus fábricas funcionarán en base a electricidad; mientras que Francia e Inglaterra esperan, para el año 2040, que todo su parque automotor sea de este tipo”, resalta el científico. “Es un cambio radical y eso ya está generando un enorme aumento de la demanda del litio, porque todo vehículo de esta categoría requiere de baterías que, con la tecnología actual, utilizan unos cinco kilos de este metal por cada auto, el equivalente a lo que se necesita para hacer funcionar 17.000 iPhones.”

Cada auto eléctrico usa el equivalente a lo que se necesita para hacer funcionar 17.000 iPhones

“Aparte de los dispositivos, también se necesita litio para fabricar baterías que puedan ser usadas para almacenar energía proveniente de fuentes renovables, como solar o eólica”, explica Calvo. Hay baterías de titanato de litio y óxido de litio y manganeso que demostraron una vida útil de entre 20 y 30 años, que es lo mismo que ya ofrece un panel solar. “Podríamos pensar en armar kits para dotar de energía a poblaciones y establecimientos de zonas rurales, aislados de las redes eléctricas. Hay informes de consultoras internacionales que demuestran que la electrificación rural es un mercado muy grande ya que, solo en América latina, hay 30 millones de personas alejadas de las redes eléctricas.”

Por otra parte, también se usa litio en la industria farmacéutica. Y un kilo de este mineral, que vale US$ 9, puede transformarse en un kilo de fármacos —usados para el tratamiento de trastornos como la bipolaridad— que se vende a US$ 900. No es la única opción: también se utiliza litio en aleaciones para la industria aeronáutica y un jet de Airbus puede tener en su estructura hasta 400 kilos. Finalmente, también se lo emplea en la elaboración de vidrios cerámicos de algunos electrodomésticos.

Esta tendencia creciente explica porqué, en 2016, se cruzó un umbral simbólico en este mercado: la demanda global —por primera vez — superó a la oferta y eso causó que el precio del kilo de litio se disparara de los tradicionales US$ 6 a más de US$ 16 por cada 1.000 gramos.
Un lugar en el mundo

Tal vez lo más interesante es que Argentina ocupa, por su geología, un lugar privilegiado para poder pisar fuerte en este nuevo negocio: “se calcula que el 65 por ciento de las reservas mundiales se ubican en el triángulo geográfico que abarca los salares del norte de Argentina, Chile y del sur de Bolivia”, detalla Marcelo Álvarez, gerente general de la Cámara de Empresas Mineras de la Argentina (CAEM). Y agrega: “si nuestra industria hace bien las cosas en los próximos años, podemos posicionarnos como un jugador mundial y proveer a un mercado de enorme crecimiento”.

Esta aspiración está en consonancia con un completo informe publicado a mediados de este año por los responsables de la Secretaría de Minería del Ministerio de Energía. Según este paper, “durante 2016, la Argentina contribuyó con el 16 por ciento de la producción global, solo superada por las minas de Australia (40 por ciento) y de Chile (33 por ciento)”.

Para los autores del estudio oficial, las provincias que tienen las mayores reservas en formato de salares son tres: Jujuy, Salta y Catamarca y los depósitos ya relevados localmente indican que hay disponibilidad para 133 años de explotación, de acuerdo al consumo global que tendrá este elemento desde el 2025.

En otro estudio de la misma dependencia se detalla que “el mercado internacional del litio se encuentra en un ciclo ascendente, cuyo ritmo se ha acelerado en los últimos años, especialmente debido a la demanda de baterías para distintas aplicaciones de la industria automotriz. Por otra parte, el costo de la tonelada de carbonato de litio registró un fuerte incremento —del 48 por ciento — en apenas dos años, cuando pasó de un promedio de US$ 5.050 en 2014 hasta los US$ 7.475 en 2016, alcanzando picos que superaron los US$ 9.000.

También aumentó la demanda de litio metálico que, en 2016, culminó con un mercado de 37.800 toneladas, 13,5 por ciento más que en 2015. Y, vale la pena aclarar que también hubo un cambio en la principal aplicación a la que se dedicó la producción, ya que su uso en baterías acaparó el 39 por ciento del mercado y desplazó del histórico primer lugar al uso en la industria de la cerámica y del vidrio. Para el año 2025, más del 66 por ciento de la demanda se empleará en la fabricación de baterías para almacenar energía eléctrica.

"La industria quiere establecer reglas claras para que estos desarrollos cuiden el medio ambiente desde el principio"

En este marco, convertirse en un proveedor clave del rubro minero suena extraño para un país que registra frecuentes conflictos en sus explotaciones mineras. Sin embargo las autoridades de la CAEM aseguran que la extracción del litio es muy distinta a la del oro y otros metales. “La industria quiere establecer reglas claras para que estos desarrollos cuiden el medio ambiente desde el principio porque se trata de un tipo de extracción que está bien visto por la sociedad y consideramos que posee la licencia social necesaria para estos usos, sobre todo porque el sector se planteó desde el principio el desafío de lograr un desarrollo económico de las comunidades aledañas a las zonas de extracción.”

En otras palabras, la minería del litio aspira a despegarse de sus “hermanas” y convertirse en un caso testigo de trabajo conjunto, “capaz de generar valor tanto para las empresas como para la gente que habita la región”.

Según la economista Verónica Cesa, consultora y miembro de la gerencia de Desarrollo del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el rol de la Argentina como oferente de esta materia prima será cada vez más importante. “Hoy ya somos el tercer productor de litio a escala mundial y nuestra participación en el mercado ronda el 16 por ciento. Pero seguramente se incrementará a medida que los numerosos proyectos extractivos, que ya están en curso, entren en producción comercial”.

Según esta experta en evaluación de proyectos tecnológicos, “nuestro país, actualmente, produce cloruro y carbonato de litio. Y en 2016 generó exportaciones por más de US$ 190 millones”.

Sin embargo esta cifra podría multiplicarse exponencialmente, según Calvo. “Si bien pensar en fabricar baterías para autos en forma local no parece hoy algo posible, ya que competir con las plantas y los costos de las fábricas chinas es complejo, sí tenemos posibilidades para agregar valor a esta materia prima antes de exportarla. Por ejemplo la industria química puede elaborar sales de litio que luego se usan en las baterías.”

Sumar este simple paso no es menor: “exportar carbonato de litio sin procesar puede generar US$ 9.000 por tonelada. Pero si la industria química local lo procesa y convierte en hexafluorofosfato de litio y en combinaciones de sales, la tonelada de exportación puede valer 10 veces más: de US$ 9 por kilo se puede llegar a obtener US$ 100 e inclusive hasta US$ 1.000 por kilo exportado”, explica Calvo. Más escéptico es, sin embargo, sobre la riqueza que generan las regalías sobre el valor de la salmuera. 

Todo cambia
La revolución apalancada por la extracción de litio ya está generando cambios económicos significativos en el noroeste argentino. “En nuestros salares, de donde se lo extrae a un costo tres veces menor que si se lo hace de minas rocosas, en la forma tradicional, el litio tiene una alta disponibilidad”, le dice a Infotechnology la ingeniera Carolina Sánchez, directora técnica de INTI Jujuy. “Y por eso explotarlo en esas geografías es muy competitivo.” Eso explica que, entre los años 2005 y 2013 la actividad extractiva haya crecido un 60 por ciento.

Por otra parte, la Argentina le ofrece a la industria privada un entorno favorable a estas inversiones. “Las primeras grandes empresas interesadas en explotarlo llegaron en 2001 y explicaban que acá era más fácil invertir porque en Bolivia y Chile fue declarado mineral estratégico y eso complicaba la explotación.”
Entre las razones que separan a esta industria de otras actividades extractivas similares se destaca el dato de que “para sacar litio no se requiere del uso de sustancias tóxicas, aunque sí se necesita agua y energía por lo que tenemos que desarrollar sistemas productivos que sean más eficientes”, recuerda Sánchez.

Y como muestra de lo que esta industria puede hacer por la economía local en los próximos años, desde el INTI Jujuy explican que hoy están asistiendo a casi una veintena de Pyme de la zona que le proveen servicios a las mineras que trabajan en el norte del país. Se trata de proveedores locales, algunos muy chicos y otras que ya tienen un staff de 60 personas.

Según Sánchez desde el INTI les ofrecen un paquete de herramientas de gestión empresarial y los ayuda a hacer planificación de inversión para que puedan crecer en forma sustentable. “Los resultados ya se están viendo. Es una actividad que está dinamizando la economía local.”

Enrique Garabetyan

FUENTE:

19 de octubre de 2017

Argentina: El país que Monsanto esta envenenando



Argentina: El país que Monsanto esta envenenando

Por Michael Warren y Natacha Pisarenko / overgrowthesystem.com través filmsforaction.com

La productora estadounidense en biotecnología ha convertido a la Argentina en el tercer productor mundial de soja, pero los productos químicos que impulsan el auge no se limitan a la soja y el algodón y los campos de maíz. Contaminan rutinariamente hogares y aulas y el agua potable. Un coro creciente de médicos y científicos advierte que su uso no controlado podría ser responsable de la creciente número de problemas de salud a aparecer en los hospitales de la nación sudamericana. En el corazón del negocio de la soja de Argentina, de casa en casa encuestas de 65.000 personas en las comunidades agrícolas encontraron tasas de cáncer de dos a cuatro veces mayor que el promedio nacional, así como mayores tasas de hipotiroidismo y enfermedades respiratorias crónicas. Fotógrafo de Associated Press Natacha Pisarenko pasó meses documentar el tema en las comunidades campesinas a través de Argentina.

La mayoría de las provincias de Argentina prohíben plaguicidas de pulverización y otros agroquímicos próximos a los hogares y las escuelas, con las prohibiciones que van en distancia de 50 metros a tanto como a varios kilómetros de las zonas pobladas. The Associated Press encontró muchos casos de la soja plantada tan sólo unos metros de las casas y las escuelas, y de productos químicos mezclados y cargados en tractores dentro de barrios residenciales. En los últimos 20 años, la pulverización de agroquímicos ha multiplicado por ocho en Argentina- de 9 millones de galones en 1990 hasta 84 millones de galones de hoy. El glifosato, el ingrediente clave en los productos de Round Up de Monsanto, se utiliza más o menos ocho a diez veces más por hectárea que en los Estados Unidos. Sin embargo, Argentina no aplica las normas nacionales para los productos químicos agrícolas, dejando a la elaboración de normas a las provincias y la aplicación a los municipios. El resultado es una mezcolanza de regulaciones ampliamente ignoradas que dejan a la gente peligrosamente expuesta.




En este 16 de abril 2013, foto, Felix San Román camina en su propiedad en Rawson, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. San Román dice que cuando él se quejó de las nubes de los productos químicos a la deriva en su patio, los pulverizadores lo enfermaron, fracturando su columna vertebral y la anulación de los dientes. "Esta es una pequeña ciudad en la que nadie se enfrenta a cualquier persona, y las autoridades de mirar hacia otro lado", dijo San Román. "Todo lo que quiero es que ellos puedan seguir la ley vigente, que dice que no puede hacer esto dentro de 1,500 metros. Nadie sigue este. ¿Cómo puedes controlarlo? "(AP Photo / Natacha Pisarenko)

El glifosato, el ingrediente clave en el popular marca de Monsanto Roundup de pesticidas, es uno de los herbicidas más utilizados del mundo. Se ha determinado que es seguro, si se aplica correctamente, por muchas agencias regulatorias, incluidas las de los Estados Unidos y la Unión Europea.

El 1 de mayo, la Agencia de Protección Ambiental siquiera levantó los niveles permitidos de residuos de glifosato en los alimentos, concluyendo que en base a los estudios presentados por Monsanto, "hay una certeza razonable de que no ocasionará ningún perjuicio a la población en general o para los bebés y los niños de exposición agregada ".

23 provincias argentinas tomen la iniciativa en la regulación de la agricultura, y las reglas varían.

La pulverización se prohibió a 3 kilómetros (1,9 millas) de áreas pobladas en algunas provincias y tan poco como 50 metros (55 yardas) en otros. Alrededor de un tercio de las provincias establece ningún límite en absoluto, y la mayoría carecen de políticas detalladas de aplicación.

Una ley ambiental federal requiere aplicadores de sustancias químicas tóxicas de suspender o cancelar las actividades que amenazan la salud pública ", aun cuando el vínculo no se ha demostrado científicamente" y "sin importar los costos o consecuencias", pero nunca se ha aplicado a la agricultura, el auditor general, encontró el año pasado.

En respuesta a las quejas crecientes, la presidenta Cristina Fernández ordenó a una comisión en 2009 para estudiar el impacto de la fumigación de agroquímicos en la salud humana. Su informe inicial pidió "controles sistemáticos sobre las concentraciones de herbicidas y sus compuestos ... tales como estudios de laboratorio y de campo exhaustivos que implican formulaciones que contienen glifosato, así como sus interacciones con otros productos agroquímicos ya que se utilizan actualmente en nuestro país."

Pero la comisión no se reúne desde 2010, el auditor general nose encuentra...

Los funcionarios del gobierno insisten en que el problema no es la falta de investigación, pero la desinformación que juega con las emociones de la gente.

"He visto un sinnúmero de documentos, encuestas, videos, artículos en la prensa y en las universidades, y en realidad de nuestros ciudadanos que leen todo este fin mareado y confundido", dijo el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso. "Creo que tenemos que dar a conocer el compromiso de que Argentina tiene que ser un productor de alimentos. Nuestro modelo como una nación exportadora ha sido puesta en duda. Tenemos que defender nuestro modelo ".

En una declaración escrita, el portavoz de Monsanto Thomas Helscher dijo que la compañía "no tolera el mal uso de pesticidas o la violación de cualquier ley de plaguicidas, reglamento o decisión judicial."

"Monsanto tiene la mayordomía de productos en serio y nos comunicamos regularmente con nuestros clientes sobre el uso adecuado de nuestros productos", dijo Helscher.




En este 24 de septiembre 2013, de la foto, un tractor conocido como "mosquito" desempolva un campo cerca de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, Argentina. La mayoría de las provincias prohíben pulverización junto a hogares y escuelas, que varían en distancia de 50 metros a tanto como a varios kilómetros de las zonas pobladas. Pero The Associated Press encontró muchos casos de la soja plantada tan sólo unos metros de las casas y las escuelas, y de productos químicos mezclados y cargados en tractores dentro de barrios residenciales. (AP Photo / Natacha Pisarenko)

Argentina fue uno de los primeros en adoptar el nuevo modelo de agricultura biotecnológica promovidos por Monsanto y otras empresas agrícolas estadounidenses.

En lugar de convertir la tierra vegetal, la pulverización de pesticidas y luego esperar a que el veneno se disipa antes de la siembra, los agricultores siembran las semillas y después rocían sin dañar los cultivos modificados genéticamente para tolerar los productos químicos específicos.

Este "sin labranza" método toma mucho menos tiempo y dinero que los agricultores pueden cosechar más cosechas y expandirse a tierra no vale la pena antes.

Pero las plagas desarrollan resistencia, más aún cuando los mismos productos químicos se aplican a los cultivos genéticamente idénticos a gran escala.

Así, mientras que el glifosato es uno de los herbicidas más seguras del mundo, los agricultores ahora lo utilizan en concentrados más altos y se mezclan en mucho más tóxico venenos, como el 2,4, D, que el ejército estadounidense utiliza en "Agente Naranja" para defoliar la selva durante el Vietnam Guerra.

En 2006, una división del Ministerio de Agricultura de Argentina recomendó agregar etiquetas de precaución instando a que las mezclas de glifosato y los productos químicos más tóxicos se limitarán a "zonas agrícolas lejos de los hogares y los centros de población." La recomendación fue ignorada, según la auditoría federal.

El gobierno se basa en la industria de investigación aprobado por la EPA, lo que dijo el 1 de mayo que "no hay ninguna indicación de que el glifosato es un producto químico neurotóxico y no hay necesidad de un estudio de neurotoxicidad del desarrollo."

El biólogo molecular Dr. Andrés Carrasco en la Universidad de Buenos Aires, dice la carga de los cócteles químicos es preocupante, pero incluso el glifosato solo podría significar un problema para la salud humana. Él encontró que la inyección de una dosis muy baja de glifosato en embriones puede cambiar los niveles de ácido retinoico, haciendo que el mismo tipo de defectos espinales en las ranas y los pollos que los médicos cada vez más se está registrando en las comunidades donde los productos químicos agrícolas son ubicuos.

Este ácido, una forma de vitamina A, es fundamental para mantener cánceres bajo control y activación de la expresión genética, el proceso por el cual las células embrionarias se desarrollan en órganos y miembros.

"Si es posible reproducir esto en un laboratorio, sin duda lo que está sucediendo en el campo es mucho peor", dijo Carrasco. "Y si es mucho peor, y sospechamos que es, lo que tenemos que hacer es poner esto bajo una lupa."

Sus hallazgos, publicados en la revista Chemical Research in Toxicology en 2010, fueron refutadas por Monsanto, que dijo que los resultados "no son sorprendentes dado su metodología y los supuestos de exposición poco realistas."

Monsanto dijo en respuesta a las preguntas de AP que las pruebas de seguridad química sólo debe ser realizado en animales vivos, y que la inyección de embriones es "menos fiables y menos relevante para la evaluación de riesgos humanos."

"El glifosato es menos tóxico que el repelente se pone en la piel de sus hijos", dijo Pablo Vaquero, director de asuntos corporativos de Monsanto en Buenos Aires. "Dicho esto, tiene que haber un uso responsable y bien de estos productos porque de ninguna manera le ponga repelente en las bocas de los niños y no aplicador ambiental debe rociar los campos con un tractor o un plumero de la cosecha sin tener en cuenta el medio ambiente condiciones y amenazas que se derivan de la utilización del producto ".

En los campos, las advertencias son ampliamente ignoradas.

Durante tres años, Tomasi fue expuesto rutinariamente a los químicos mientras bombeaba plaguicidas en los tanques de cultivo-plumeros. Ahora está a punto de morir de polineuropatía, un trastorno neurológico debilitante, que ha dejado a lo desperdicia y se marchitó.

"Me preparé millones de litros de veneno sin ningún tipo de protección, ni guantes, máscaras o ropa especial", dijo. "Yo no sabía nada. Sólo me enteré más tarde de lo que me hizo a mí, después de contactar científicos ".

"El veneno viene en concentrados líquidos, en envases con un montón de precauciones a tomar cuando se aplica", explicó Tomasi. "Pero nadie toma precauciones."

Con la soja que venden por alrededor de $ 500 por tonelada, planta cultivadores donde pueden, a menudo sin tener en cuenta las directrices de Monsanto y la ley provincial mediante la pulverización sin previo aviso, e incluso en condiciones de viento.

En Entre Ríos, los maestros informaron que los aspersores que no respetaron los límites de 50 metros (55 yardas) en 18 escuelas, dousing 11 durante la clase. Cinco maestros presentaron denuncias contra la policía este año.




En este 01 de abril 2013 foto, Aixa Cano, 5, que tiene lunares peludos en todo el cuerpo que los médicos no pueden explicar, se sienta en un escalón frente a su casa en Avia Terai, en la provincia del Chaco, Argentina. Aunque es casi imposible de probar, los médicos dicen defecto de nacimiento de Aixa puede estar vinculado a los agroquímicos. En Chaco, los niños tienen cuatro veces más probabilidades de nacer con defectos congénitos devastadores desde la biotecnología expandido dramáticamente la agricultura en la Argentina. Productos químicos contaminan habitualmente hogares, aulas y el agua potable. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 02 de mayo 2013 foto, envases de agroquímicos vacíos, incluidos los productos Round Up de Monsanto yacían descartadas en un centro de reciclaje en Quimili, provincia de Santiago del Estero, Argentina. En lugar de una carga química ligera en Argentina, la pulverización de agroquímicos ha multiplicado por ocho, de 9 millones de galones en 1990 a 84000000 galones hoy. El glifosato, el ingrediente clave en los productos de Round Up de Monsanto, se utiliza más o menos ocho a diez veces más por hectárea que en los Estados Unidos. Sin embargo, Argentina no aplica las normas nacionales para los productos químicos agrícolas, dejando a la elaboración de normas a las provincias y la aplicación a los municipios. El resultado es una mezcolanza de regulaciones ampliamente ignoradas que dejan a la gente peligrosamente expuesta. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 01 de abril 2013, foto, Silvia Alvarez se inclina contra su casa de ladrillo rojo, manteniendo un ojo en su hijo, Ezequiel Moreno, que nació con hidrocefalia, en Gancedo, en la provincia del Chaco, Argentina. Alvarez culpa a la exposición continua a la fumigación de agroquímicos por dos abortos involuntarios y problemas de salud de su hijo. Chaco informes nacimiento provinciales muestran que los defectos congénitos se cuadruplicaron en la década después de los cultivos modificados genéticamente y sus productos agroquímicos relacionados llegaron. (AP Photo / Natacha Pisarenko)



En este 31 de marzo 2013, foto, Erika, la derecha, y su hermana gemela Macarena, que sufren de una enfermedad respiratoria crónica, de pie en el interior de su casa en Avia Terai, en la provincia del Chaco, Argentina. La madre de los gemelos, Claudia Sariski, cuya casa no tiene agua corriente, dice que ella no dejó que sus hijos beben de los envases de plaguicidas desechados que guarda en su patio polvoriento. Pero sus pollos hacer, y ella no tiene otra agua para lavar la ropa de la familia con. (AP Photo / Natacha Pisarenko)



En este 24 de septiembre 2013, de la foto, un tractor usado para agroquímicos pulverización se refleja en espejo lateral de un coche en una carretera en Paraná, en la provincia de Entre Ríos, Argentina. El glifosato representa dos tercios de todos los agroquímicos utilizados en Argentina, pero la resistencia a los pesticidas está obligando a los agricultores a mezclar en otras sustancias tóxicas como el 2,4, D, que el ejército estadounidense utiliza en...




En este 24 de septiembre 2013 de la foto, los estudiantes juegan al fútbol durante el recreo en una escuela rural cerca de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, Argentina. Los maestros dicen que la finca que linda con el patio de su escuela ha sido rociado ilegalmente con pesticidas, incluso durante las horas de clase. En Entre Ríos, los maestros informaron que los aspersores que no respetaron la obligación legal de 50 reveses metros fuera 18 escuelas, y rociaron 11 de ellos mientras los estudiantes estaban en sesión. Ya cinco profesores han presentado denuncias contra la policía. (AP Photo / Natacha Pisarenko)


En este 16 de abril 2013, foto, habla activista Oscar Alfredo Di Vincensi en un teléfono celular dentro de su tienda de campaña durante su unipersonal huelga de hambre exigiendo que se aplican agrotóxicos no se permitirá dentro de 1000 metros de las casas, en la plaza principal de Alberti, en provincia de Buenos Aires, Argentina. A principios de este año, Di Vincensi era en un campo agitando una orden judicial que prohíba la pulverización dentro de 1.000 metros de las viviendas en su ciudad de Alberti; un tractorista le rociaron con pesticidas. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 25 de septiembre 2013, de la foto, el ganado es acorralados cerca de la ciudad de Berabevu, en la provincia de Santa Fe, Argentina. Como ganaderos argentinos vuelven a la soja más alta de lucro, ganado anteriormente alimentados con pasto son engordados con maíz y harina de soja en corrales de engorde. Toda la cosecha de soja de Argentina y casi todo su maíz se han convertido genéticamente modificado en los 17 años desde que Monsanto Company, con sede en St. Louis prometió grandes rendimientos con menos pesticidas usando sus semillas y productos químicos patentados. El cultivo de soja solo se ha triplicado a 47 millones de hectáreas, la transformación de una nación, una vez conocida por su ganado alimentado con pasto en el tercer mayor productor mundial de soja. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 31 de marzo 2013, foto, Erika, izquierda, y su hermana gemela Macarena, que sufren de una enfermedad respiratoria crónica, jugar en su patio trasero cerca de envases de agroquímicos reciclados llenos de agua que se utiliza para el lavado de su aseo, la alimentación de sus pollos y lavado sus ropas, cerca de la localidad de Avia Terai, en la provincia del Chaco, Argentina. La madre de los gemelos, Claudia Sariski, cuya casa no tiene agua corriente, dice que ella no dejó que sus hijos beben el agua de los envases de plaguicidas desechados. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 31 de marzo 2013, foto, Camila Verón, 2, nacido con problemas múltiples de órganos y discapacidad grave, se encuentra fuera de su casa en Avia Terai, en la provincia del Chaco, Argentina. Los médicos dijeron a la madre de Camila, Silvia Achaval que los productos agroquímicos pueden ser los culpables. Es casi imposible demostrar que la exposición a una sustancia química específica causó cáncer o defectos de nacimiento de una persona, pero los médicos dicen que estos casos merecen una investigación gubernamental rigurosa. "Me dijeron que el agua hizo que esto sucediera, ya que rocían mucho veneno aquí", dijo Achaval. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 08 de julio 2013 de la foto, el Dr. Andrés Carrasco, un biólogo molecular de la Universidad de Buenos Aires, hace una pausa durante una entrevista en Buenos Aires, Argentina. Carrasco encontró que la inyección de dosis muy bajas de glifosato, un herbicida, en embriones puede cambiar los niveles de ácido retinoico, haciendo que el mismo tipo de defectos espinales en las ranas y los pollos que los médicos están registrando cada vez más en las comunidades donde los productos químicos agrícolas son ubicuos. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 23 de septiembre 2013, de la foto, los envases de plaguicidas vacíos listos para su reciclaje se recogen dentro de un recinto por la asociación empresarial agrícola en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, Argentina. Ampliamente ignorados directrices ministro de Salud argentino recomiendan perforar los envases vacíos para evitar su reutilización por los residentes. La asociación dice que los contenedores se recicla en un tubo de plástico. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 03 de mayo 2013, de la foto, estudiantes de pie fuera de su escuela rural en Pozo del Toba, en la provincia de Santiago del Estero, Argentina. La mayoría de las provincias argentinas limitan lo cerca fumigación se puede hacer en las zonas pobladas, con retrocesos que van desde un mínimo de 50 metros a tanto como varios kilómetros. Pero The Associated Press encontró muchos casos de la soja plantada tan sólo unos metros de las casas y las escuelas, y los productos químicos mezclados y cargados en tractores dentro de barrios residenciales. (AP Photo / Natacha Pisarenko)




En este 03 de mayo 2013, de la foto, los estudiantes montan una moto junto a un campo de maíz biotecnológico en su camino a la escuela en Pozo del Toba, provincia de Santiago del Estero, Argentina. Estadounidense de biotecnología se ha convertido a la Argentina en una potencia materias primas, pero los productos químicos necesarios no se limitan a los campos, contaminar rutinariamente hogares, aulas y el agua potable. Ahora, un coro creciente de médicos y científicos está advirtiendo que la fumigación no controlada podría ser la causa de los problemas de salud a aparecer en los hospitales de la nación sudamericana. (AP Photo / Natacha Pisarenko)





En este 26 de septiembre 2013, foto, Sofía Gatica participa en una protesta para bloquear los camiones entren en el sitio donde Monsanto Company es la construcción de su mayor planta de producción de semilla de América Latina, en la localidad de Malvinas Argentinas, en la provincia de Córdoba, Argentina. Toda la cosecha de soja del país y casi todo su maíz y el algodón se han convertido genéticamente modificado en los 17 años desde que la compañía con sede en St. Louis prometió mayores rendimientos. Fumigación de agroquímicos ha multiplicado por ocho. Después de recién nacido de Gatica murió de insuficiencia renal, presentó una denuncia en la provincia de Córdoba que llevó el año pasado a primera condenas penales de Argentina para proyectar en ilegal. (AP Photo / Natacha Pisarenko)



En este 16 de abril 2013 fotos, soja listos para la cosecha están bañadas en luz de la tarde cerca de Rawson, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. Estadounidense de biotecnología se ha convertido a la Argentina en el tercer productor mundial de soja, pero los productos químicos que impulsan el auge no se limitan a la soja y el algodón y los campos de maíz. Contaminan rutinariamente hogares y aulas y el agua potable. Un coro creciente de médicos y científicos advierte que su uso no controlado podría ser responsable de la creciente número de problemas de salud a aparecer en los hospitales de la nación sudamericana. (AP Photo / Natacha Pisarenko)





En este 09 de marzo 2013, de la foto, los residentes se reúnen para hablar con el Dr. Damian Verzeñassi sobre los problemas de salud que tengan acerca de agroquímicos en la plaza principal de Alvear, en la provincia de Santa Fe, Argentina. En el corazón del negocio de la soja de Argentina, de casa en casa encuestas de 65.000 personas en las comunidades agrícolas encontraron tasas de cáncer de dos a cuatro veces mayor que el promedio nacional, así como mayores tasas de hipotiroidismo y enfermedades respiratorias crónicas. (AP Photo / Natacha Pisarenko) 


6 de octubre de 2017

SALTA: Tensa calma se vive en tierras de El Gólgota y El Toro


2 DE OCTUBRE 2017 - La posesión de tierras desune a puesteros y enfrenta a la empresa con la Iglesia. Pero el verdadero problema es el agua. Sin ella no hay posibilidades para nadie.

Jaime Barrera

Un sector de cerros y aguadas entre El Gólgota y El Toro. Agencia

En plena Quebrada del Toro el clima sigue enrarecido. Es un caldo de cultivo de la desunión e intereses que dilatan la solución a la intranquila parsimonia de este bello lugar enclavado al oeste de la provincia, en pleno departamento Rosario de Lerma, en la jurisdicción de la comuna de Campo Quijano.

Desde que Foxter SA tiene nuevos dueños, hay demandas de desalojo para alrededor de ocho puesteros.

Surgen denuncias de amenazas de ambos lados, pero también en esta historia aparecen puesteros manifestando su beneplácito por el acuerdo alcanzado con la empresa que les permitirá trabajar sus parcelas en comodato por 40 años.

La Iglesia Católica pide el diálogo y el perdón, aunque recalca: "Siempre apoyaremos al más débil".

La empresa arguye su posesión legítima de todas estas tierras, que quieren el bienestar de los habitantes, reconocen que "hay puesteros con quienes no se puede dialogar, que no son originarios y llegan a ser violentos al momento de tratar de comunicarse con ellos".

Entre el tire y afloje de un lado y del otro, la realidad muestra otro panorama del que nadie habla. Son necesidades elementales para subsistir al corto plazo. Ellas son la falta de agua y la escasa mano de obra local. En la actualidad estas comunidades están amenazadas con desaparecer si no se remedia este grave problema.

En la inmensa finca El Gólgota con sus alrededor de 80 mil hectáreas, el agua es escasa. Son miles de tierras sin una gota del líquido que da vida al hombre y a la naturaleza. El terreno sedimentado absorbe con facilidad el pequeña caudal de un manantial natural que brota desde los cerros cercanos.

Ahora se suma otro problema. En la actualidad los puesteros sufren por la escasa mano de obra existente en la zona. La razón es conocida: los planes sociales.

Son 160 mil hectáreas entre esta finca y la ubicada en el paraje El Toro. Son tierras propias de la precordillera salteña, agreste, árida y muy sufrida. Se estima que allí viven alrededor de 120 puesteros dispersos en tanta soledad.

De la mayoría de los consultados lugareños que viven y producen en estas extensiones, sus edades oscilan entre los 40 y los 80 años. No hay jóvenes que trabajen estas tierras. Según la empresa Foxter apenas 300 hectáreas son utilizables para el cultivo.

"Con algunos puesteros estamos trabajando para mejorar las acequias que cruzan las tierras productivas. Hay gente que ha entendido la situación y nos pide ayuda, pero hay otros que anteponen su identidad originaria como excusa de usurpar tierras. Se meten en la tierras productivas" comentó a El Tribuno el ingeniero agrónomo Facundo Robles, gerente de agronegocios de Foxter SA.

Cerca de la casona utilizada como base de la administración de Finca El Gólgota, a metros del puesto de control de Gendarmería en la ruta nacional 51, un lugareño de profesión agente sanitario, usurpó un campo de una hectárea a razón de ser originario.

"Así como este caso, hay otros, que a metros de la administración y donde tenemos las tierras utilizables para el cultivo se nos metió otro lugareño de Incahuasi en 5 hectáreas. Estas situaciones las hemos judicializado, pero hay otras personas con quienes se llegó a un acuerdo para seguir trabajando sus tierras. Entre todos podemos ayudarnos para mejorar esos campos con la llegada de agua permanentemente. La falta de agua es el gran problema en toda esta región", aseguró.

Lugareños divididos y otros avivados

“Tierra sin agua no es productiva”, dice Livorio Erazo. Con sus 77 años sigue como arrendatario en la zona de Lampasar de 5 hectáreas.

“Yo trabajo acá hace muchos años y siempre arrendé a esta gente (Foxter y su anteriores dueños). Nunca tuve problemas. Espero que me ayuden porque debo trabajar solo, los changos no quieren trabajar ahora. Esos planes sociales nos jodieron la vida a los puesteros”.

Sobre la casona, el equipo periodístico de El Tribuno se encuentra con Teofilo Mamaní. Supo ser presidente de la comunidad originaria de El Golgota y hoy trabaja para Foxter y por aparte consiguió un comodato para seguir explotando unas tierras cercanas a la administración en donde vive con su familia. “Acá hay gente con necesidad y otras avivadas que se hacen pasar por originarios, pero viven en Salta o Quijano. Esta empresa dijo que nos puede ayudar, pero algunos se molestaron porque dicen que nos van a correr a todos. Hay que vivir el día a día en esta zona. La gente debe elegir por su conveniencia”.


Iglesia

“Debemos unir a la comunidad por medio del diálogo y el amor, no sembrando temor en la gente de esta zona que son sumisos y dóciles. Hay casos en donde se sacará a la gente porque no firmaron el comodato por las tierras. Hay gente que vive en estas tierras de generación en generación. No sé si son originarios, pero también tienen un derecho adquirido”, sostuvo el padre Walter Medina del Centro Eclesial de Alfarcito.

3 de octubre de 2017

Anomalías Congénitas y abortos espontáneos asociados a exposición ambiental a glifosato en un pueblo agrícola argentino.

Anomalías Congénitas y abortos espontáneos asociados a exposición ambiental a glifosato en un pueblo agrícola argentino.
25 septiembre, 2017

Investigación presentada en el 38º Congreso Argentino de Pediatria de la Sociedad Argentina de Pediatría sobre el impacto de la contaminación con glifosato sobre la salud reproductiva humana.


Introducción: Argentina utiliza anualmente 240.000 toneladas de glifosato en sus cultivos transgénicos resistentes a glifosato y un cambio en el perfil de morbilidad y mortalidad es percibido en las áreas agrícolas, trastornos reproductivos como abortos y anomalías congénitas parecen prevalecer ahora. Monte Maíz es un típico pueblo agrícola, el Intendente en 2014 nos requirió un estudio de salud ambiental debido a que apreciaban un aumento en las frecuencias de esos trastornos.

Objetivo: Evaluar frecuencias de anomalías congénitas y abortos inexplicables y analizar contaminación ambiental para desarrollar hipótesis de causalidad.

Materiales y Métodos: Un estudio ecológico exploratorio fue

desarrollado para evaluar la contaminación ambiental urbana y las frecuencias y distribución de malformados y abortos, utilizando un análisis de la distribución de fuentes de contaminación que incluía mediciones de pesticidas en matrices ambientales, junto a un estudio trasversal de prevalencias de malformados y abortos que exploró asociaciones con diferentes variables.













Resultados: Glifosato fue detectado en suelo y polvillo de granos, sus 

concentraciones fueron más elevadas en el interior del pueblo que en el área rural. 975 toneladas de plaguicidas son utilizadas en la región, 650 de ellas son glifosato y se manipulan dentro del pueblo. No hallamos otras relevantes fuentes de contaminación.

Carga de glifosato por persona y por año
Cantidad de glifosato que se aplica en Monte Maíz 650.000 litros por año
Carga de exposición a glifosato en Monte Maíz 80 litros por persona por año
Cantidad de glifosato que se aplica en Argentina 290.000.000 litros por año
Carga de exposición a glifosato en Monte Maíz 7 litros por persona por año


853 niños nacieron en los últimos 10 años, 25 de ellos nacieron con anomalías congénitas, una tasa de prevalencia de 2,93%, que no incluye los niños malformados que murieron en este lapso (estimado en 12 casos, tasa presunta de 4,33%). RENAC informa en Argentina 1,4% anomalías en 2013, entre dos y tres veces mayor que Monte Maíz.

Ocurrieron 98 abortos en últimos 5 años entre 981 mujeres en edad reproductiva, 62 de ellas tuvieron solamente un evento, 15 sufrieron dos y 2 de ellas tuvieron tres abortos, significando una tasa de abortos no intencionales de 9,98 por 100 mujeres en edad reproductiva, el Ministerio de Salud nacional la estima en 3%, tres veces más baja.

Conclusiones: Este estudio corrobora la concurrencia de alta exposición a glifosato y trastornos reproductivos, muchos estudios demuestran genotoxicidad generada por glifosato y otros plaguicidas dando plausibilidad biológica a nuestros hallazgos. Otros diseños de estudios son requeridos para clarificar causalidad, pero se debe proteger la salud reproductiva de la población en forma precautoria.










FUENTE: 

2 de octubre de 2017

“Los argentinos están muy intoxicados por el glifosato”



Marie Monique Robin, la autora del documental “El mundo según Monsanto” está trabajando en un nuevo film de investigación sobre los efectos nocivos del glifosato, el herbicida con el que se riegan millones de hectáreas de campos argentinos.

Marie-Monique Robin está vinculada con la Argentina desde hace muchos años. Esta periodista de investigación, cineasta y escritora francesa, nacida en 1960, es la autora del libro y el documental Escuadrones de la Muerte, la Escuela Francesa (2003), que comprobó que los métodos empleados por los militares argentinos durante la dictadura 1976-1983 se basaron en técnicas que las Fuerzas Armadas francesas aplicaron en Argelia. Robin llegó hace unas semanas nuevamente invitada por el Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca), organizado por el Instituto Multimedia DerHumALC, y estuvo presentando una retrospectiva de sus trabajos audiovisuales más importantes vinculados con el medio ambiente, entre los que sobresale “El mundo según Monsanto”, que generó una bisagra en la concientización de la gente respecto al daño que causan a los seres humanos y a los animales los agroquímicos empleados por empresas multinacionales. El tercer motivo por el que Marie-Monique Robin está en la Argentina es que está filmando un documental y escribiendo un libro de investigación –ambos sin título por ahora– sobre los efectos nocivos del glifosato, el herbicida más famoso con el que se riegan millones de hectáreas de campos argentinos y que provoca severos efectos nocivos para la salud.

“El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo, sobre el cual hay una gran polémica en este momento, después de que el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer que depende de la OMS clasificó al glifosato como cancerígeno probable”, cuenta Robin en diálogo con Página/12. Y amplía: “Aquí se utilizan también genéricos porque la patente que tiene Monsanto cayó en 2000 y, entonces, ahora hay otros que hacen herbicidas basados en glifosato”.

La periodista y cineasta comenta que hay muchos estudios que demuestran que el glifosato produce cáncer en los animales. “Cuando eso sucede, sabemos que produce cáncer en los humanos también. Hay una gran polémica porque el glifosato es el herbicida más utilizado del mundo y está muy ligado a los transgénicos, los organismos genéticamente modificados, como es el caso de la soja en la Argentina”, afirma Robin. Y brinda un dato contundente: “Hay 21 millones de hectáreas de soja transgénica fumigadas con glifosato”. Cada diez años, en Europa y Estados Unidos se realiza un estudio a través del cual los productores de herbicidas tienen que volver a pedir la autorización de comercialización. “Eso estaba previsto para 2015 en Estados Unidos y Europa. Normalmente es un proceso automático por el que miran un poquito y mantienen las cosas, pero en este caso no ha sido posible porque hay muchos estudios de científicos independientes que demuestran que el glifosato es altamente tóxico y muy peligroso para la salud y el medio ambiente. Hay mucha presión para autorizarlos y tampoco han dicho que lo van a prohibir. No dicen ni que sí ni que no”, explica Robin.

–¿Eso implica un cambio?

–Es muy interesante porque eso significa que por primera vez hay un debate muy fuerte. El problema es que, con respecto al glifosato que se utiliza aquí, los datos son totalmente increíbles: según un informe de 2012 (que es el último que se tiene) se calculó que por el consumo que se da en la Argentina son 300 millones de litros de glifosato en todo el país. Eso significa que son 5 litros para cada argentino por año. Es la mayor tasa del mundo. Los argentinos están totalmente intoxicados por el glifosato. Estuve en Estados Unidos para entrevistar a los científicos que trabajan sobre esto. Pero aquí también hay muy buenos científicos. Dentro de los mil estudios que revisó el CIIC de la OMS fueron seleccionados veinte argentinos. Y los entrevisté. Uno de ellos fue Andrés Carrasco, que ya murió y que fue víctima de una campaña de difamación aquí, pero que es considerado afuera como uno de los grandes científicos argentinos. El contribuyó largamente a entender cómo el glifosato provoca malformaciones congénitas con un modelo con anfibios. Por otra parte, la semana pasada estuve en Chicago filmando una conferencia sobre el autismo. Y algunos científicos han hecho una relación entre la exposición al glifosato y el autismo.

–¿Por qué cree que en la Argentina se produce esta situación?

–En el libro El mundo según Monsanto escribí sobre cómo fue posible aquí, menciono la crisis del 2001 y antes de esto Monsanto quería difundir la soja transgénica. En el 96 empezó en Estados Unidos, después quisieron venir a América latina. En principio, la idea era Brasil pero no pudieron porque allí dijeron: “No, necesitamos una ley que no hay”. Entonces, Monsanto vino a la Argentina en la época del presidente Menem que… Bueno, ¿entiende lo que quiero decir? Los transgénicos llegaron aquí sin que nadie se diera cuenta. Hubo una crisis en Europa por las harinas de animales que se prohibieron y, entonces, se buscaron proteínas vegetales. La Argentina se lanzó hacia esto y fue muy apoyada con lo de la soja transgénica. Recuerdo que en 2005 vine por estos temas (ya había venido antes por la película sobre la dictadura) e hice un documental titulado Argentina, la soja del hambre. Me acuerdo que había entrevistado al agrónomo Walter Pengüe, que era uno de los pocos que decía: “Esto va a ser un problema”. Hablaba de la resistencia de las malezas. Cuando usas siempre glifosato, que es un herbicida muy fuerte, las malezas se adaptan. Y ya en 2005, siete años después de la introducción de los transgénicos acá, me había entrevistado con Pengüe y también con un productor de soja. Me dijeron que se había empezado con los transgénicos con un litro de glifosato por hectárea y en 2005 eran tres porque ya las malezas se habían adaptado. Hoy en día, ¿sabe cuánto? La semana pasada un productor de Entre Ríos me dijo que se utilizan ocho litros por hectárea. Y Pengüe me comentó el otro día que, a veces, son hasta doce litros por hectárea.

–¿Cambió algo desde que estrenó el documental El mundo según Monsanto o todo sigue igual o peor?

–El otro día vino el yerno de Andrés Carrasco. Tenía mi libro, que fue traducido a 22 idiomas. Me pidió si le podía hacer una dedicatoria para la hija de Andrés, porque ese era el libro de Andrés. Me comentó que Andrés le había dicho que el libro le había provocado un click. Cuento esto porque a mucha gente tanto mi documental como el libro El mundo según Monsanto les provocó lo mismo. Pero no cambió nada: cuando vine en 2005 había 16 millones de hectáreas sembradas con soja y fumigadas con glifosato. Hoy en día son 21 millones, pero la concientización de la gente sí se incrementó: de los científicos, de los abogados y de los ciudadanos.

–¿No cree que parte de la ciencia puede estar al servicio de las grandes corporaciones y del poder político?

–En la Argentina, con el dato que comenté de los veinte estudios, es un número importante. Se nota que todo viene de la universidad pública, que hace un gran trabajo porque no tiene ningún interés financiero en los resultados de los estudios, que es el problema con los laboratorios privados que son pagados por la industria. Se ve que hay conflictos de intereses y hasta corrupción. Un epidemiólogo estadounidense me contó que la ciencia que trabaja para la industra privada no publica los estudios porque no quiere que se revisen los datos. Esa es una ciencia prostituida. Y es un gran problema actualmente.

–¿Qué la impulsa a hacer estos documentales de denuncia y de advertencia sobre las problemáticas que se generan en el medio ambiente? ¿Se siente sola en esta batalla?

–No hay muchos periodistas de investigación que hagan esto. Pero me motiva mucho. El impacto del documental El mundo según Monsanto es increíble porque sirvió de verdad a mucha gente, incluyendo políticos: por ejemplo, lo presenté en el Parlamento de París, en el Europeo, en el de Canadá, Japón, también en los de Paraguay y Brasil. El impacto es muy grande y muchas personas de países diferentes me dicen: “Gracias a ese documental o al libro entendí lo que es un transgénico”, porque muchas veces no se sabe. También tengo mucho apoyo. Entonces, me motiva mucho.

–¿Sus documentales apuntan a generar modificaciones en las corporaciones o a que la gente común se entere de quienes ponen en riesgo la vida de la población mundial?

–Soy periodista de investigación y trabajo en lo que hay que investigar. El tema del modelo agroindustrial lo conozco muy bien porque llevo años en esto. Además, soy hija de agricultores. Entonces conozco la agricultura desde adentro.

–Pero su gran objetivo sería que haya una modificación a nivel de las corporaciones, ¿no?

–Sería bueno que los directivos de las multinacionales se dieran cuenta de los daños que están causando. Por eso, con distintas personalidades de la sociedad civil internacional, como el profesor Olivier de Schutter, que fue relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, y es un eminente jurista lanzamos una iniciativa: el Tribunal Internacional Monsanto que va a tener lugar en La Haya en octubre de 2016. Yo soy la madrina de ese tribunal.

–¿Cuál es el objetivo?

–En La Haya es simbólico porque está la Corte Penal Internacional. También Monsanto porque es una multinacional típica. Es un ejemplo perfecto de cómo se puede destruir a los ecosistemas y lo que el Papa Francisco llama “la casa común”. Nosotros vimos que si eres una víctima de Monsanto y quieres hacerle un juicio porque tienes un cáncer (la OMS señaló que hay una relación entre un tipo de cáncer y el glifosato), lo que queda es pedir dinero para tener una indemnización por los daños que has sufrido. Nosotros decimos que eso no es suficiente porque hay que mandar a la cárcel a los directivos. En el tribunal habrá jueces de fama internacional que aceptaron participar en él con víctimas, abogados, etcétera. La primera meta es evaluar los daños causados por Monsanto con distintos productos. Y una indeminización que va a ser simbólica porque somos nosotros los que hemos creado el tribunal. Pero va a ser un verdadero tribunal, aunque lo hayamos creado nosotros. El procedimiento será normal. La segunda meta es que los jueces hagan recomendaciones a la Corte Penal Internacional para que se conozca una nueva figura penal: el ecocidio (crimen contra el ecosistema), que no existe todavía. Hoy en día, la Corte Penal Internacional conoce cuatro crímenes: el genocidio, el crimen de lesa humanidad, el delito de agresión y el delito de guerra. Nosotros decimos que actualmente hay numerosos problemas con los ecosistemas, como dice el Papa Francisco: contaminaciones de todo tipo, destrucción de esos ecosistemas, cambio climático. Para todo eso necesitamos un nuevo instrumento legal que permita mandar a la cárcel, una vez comprobado, a los directivos de las multinacionales o sus aliados que son responsables de esas destrucciones. Si hay una acción civil para pedir dinero no les importa nada porque pagan y siguen. Es muy única esta iniciativa y la estamos preparando.

Fuente: Página 12 

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