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Contra los monocultivos y minería contaminantes y a favor de la Soberanía Alimentaria y de un Proyecto Nacional Sustentable

5 de octubre de 2011

El gran debate de la agricultura mundial



170811 - Carmelo Ruiz Marrero - Defensa Territorios - “La agricultura moderna, tal como hoy se practica en el mundo... está explotando excesivamente el suelo, nuestro recurso natural básico, y es insostenible porque hace un uso intensivo tanto de la energía proveniente de los combustibles de origen fósil como del capital, al mismo tiempo que básicamente no tiene en cuenta los efectos externos de su actividad”, declaró Hans Herren, copresidente del IAASTD. “Si seguimos con las actuales tendencias en materia de producción de alimentos agotaremos nuestros recursos naturales y pondremos en peligro el futuro de nuestros hijos.”

La agricultura es la actividad más importante de la humanidad, en términos ecológicos al igual que económicos. Según algunos estimados, el 70% del agua que utilizamos va a cultivos y animales de finca, y la agricultura ocupa más espacio que cualquier otra actividad humana. Según la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO), la agricultura emplea al menos la mitad de la fuerza trabajadora del planeta, por lo que debemos concluir que no hay ni habrá ninguna actividad económica que genere tantos empleos como el agro. Es por esto que entendemos que la agricultura debe estar en el centro de todo proyecto de cambio social revolucionario, no puede ser una nota al calce ni uno de muchos items de agenda.

(Ver: El abecé de los Transgénicos. La Comida Terminator)

La agricultura es el factor más importante en el cambio climático. Según la organización no gubernamental GRAIN: “El modelo de agricultura industrial que abastece al sistema alimentario mundial funciona esencialmente usando petróleo para producir comida y, en el proceso, cantidades enormes de gases con efecto de invernadero. El uso de inmensas cantidades de fertilizantes químicos, la expansión de la industria de la carne, y la destrucción de las sabanas y bosques del mundo para producir mercancías agrícolas son en conjunto responsables de por lo menos el 30% de las emisiones de los gases que causan el cambio climático.

Convertir los alimentos en mercancías mundiales e industriales entraña también una tremenda pérdida de energía fósil al transportarlas por el mundo, procesarlas, almacenarlas, congelarlas y llevarlas adonde las consumen. Todos estos procesos contribuyen a la cuenta climática. Al sumarlas, entendemos que el actual sistema alimentario podría ser responsable de cerca de la mitad de las emisiones de los gases con efecto de invernadero.” (1)

Según “Cocinando el Planeta”, un extenso documento conjunto de varias organizaciones europeas, incluyendo GRAIN y Veterinarios Sin Fronteras: “Cuando consideramos la dupla cambio climático y sistema alimentario, en general pensamos en términos de transporte de alimentos o, en alguna ocasión, a la deforestación asociada a la agroganadería. Pero lo cierto es que pocas veces tomamos conciencia de que el manejo de los suelos agrarios, la utilización de fertilizantes sintéticos, la fabricación de piensos industriales, o la destrucción de los mercados locales de alimentos constituyen el núcleo central de las emisiones planetarias de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo las industrias procesadoras y de distribución de alimentos -que incluyen transporte, empaque, refrigeración y comercialización- son también grandes emisoras. Se calcula que el sistema agroalimentario llega a generar hasta un 50% de estas emisiones. El actual modelo de producción y consumo industrial de alimentos es un gran consumidor de energía, que contribuye significativamente al calentamiento global, además de profundizar la destrucción del medio ambiente y de las comunidades rurales. (2)

(Ver: Masanobu Fukuoka: De la agricultura natural)

Para entender el sistema agroalimentario industrial, los problemas que éste causa y las alternativas que existen es necesario saber lo que fue la revolución verde. En breves palabras, la revolución verde fue la exportación al tercer mundo del modelo industrializado y mecanizado de agricultura de Estados Unidos. Este proceso, que tomó lugar a lo largo de la Guerra Fría, fue impulsado y financiado por las fundaciones Rockefeller y Ford, el Banco Mundial, el gobierno de Estados Unidos y agencias de la ONU. Según Helena Paul et al: "La revolución verde fue una transformación de la práctica agrícola desarrollada para el Sur por científicos, gobiernos y agencias donantes del Norte. Esencialmente involucró el desarrollo de variedades de ciertos cultivos de mayor importancia- como trigo, arroz y maíz- que en respuesta a insumos aumentados producirían mayores rendimientos." (3) La revolución verde fue uno de los emprendimientos no militares más grandes del siglo XX. En lo que se refiere a la utilización masiva de recursos humanos, peritaje científico de primera, y fondos públicos, fue comparable con el Proyecto Manhattan y el programa espacial Apolo.

Esta revolución agrícola comenzó en México en la década de 1940 con el Programa Agrícola de México (PAM) de la Fundación Rockefeller. Este programa desarrolló variedades de trigo y maíz de alto rendimiento. Los resultados de este programa fueron espectaculares, las cosechas batieron todas las marcas, y estudiosos y académicos de toda América Latina fueron a México a estudiar las técnicas desarrolladas por el programa. El PAM fue dirigido por el fitopatólogo J. George “Dutch” Harrar, quien luego sería presidente de la Fundación Rockefeller y es recordado como el padre de la revolución verde. Pero el personaje más destacado del programa lo fue el carismático y energético agrónomo Norman Borlaug, quien con el pasar de los años se convirtió en la figura más visible y conocida de la revolución verde. Borlaug, quien ganó el Nobel de la Paz por sus labores, fue el relacionista público número uno de la revolución verde, viajando por el mundo entero predicando las virtudes de la nueva agricultura científica que él propugnaba y solicitando el apoyo de los gobiernos del mundo hasta su muerte en 2009 a la edad de 95.

En 1966 el programa fue transformado en el Centro para el Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), considerado la máxima autoridad mundial en la investigación y desarrollo de ambos cultivos. El CIMMYT, cuyo primer director fue Borlaug, fue el primero de más de una docena de Centros Internacionales de Investigación Agrícola (IARC, en inglés) que fueron establecidos alrededor del mundo para emprender la revolución verde. Estos centros, que usaron el CIMMYT como modelo, incluyen el Centro Internacional de la Papa en Perú y el Instituto Internacional de Investigación del Arroz en Filipinas. En 1971 los financiadores de la revolución verde establecieron un secretariado permanente, el Grupo Consultivo Internacional sobre Investigación Agrícola (CGIAR), para coordinar las operaciones de los IARC.

El periodista e historiador Mark Dowie dedicó un capítulo entero de su libro sobre las fundaciones estadounidenses a la revolución verde. Dice Dowie: "La masiva reestructuración global de la agricultura conocida como la revolución verde es quizás el emprendimiento internacional más ambicioso de la filantropía estadounidense... El programa fue vasto, técnicamente complejo y en muchos modos verdaderamente revolucionario. Sin embargo su meta fue simple: alimentar el mundo. La estrategia... fue bastante predecible: transferir tecnologías agrícolas científicas occidentales a países 'subdesarrollados', aumentando así rendimientos mundiales de cultivos alimentarios básicos y poniendo fin al hambre." "La historia de este masivo emprendimiento es un valioso estudio de caso de un esfuerzo filantrópico sincero y de largo plazo para resolver un problema complejo y aparentemente insoluble sin atender las razones fundamentales de su existencia." (4)

(Ver: Cultivos modificados genéticamente. La catástrofe de los organismos modificados genéticamente en Estados Unidos, una lección para el mundo)

Las últimas palabras de esta cita son de máxima importancia. La revolución verde no atendió las causas de la pobreza y el hambre. En varias ocasiones sus administradores y científicos lo admitieron abiertamente. La idea de que se puede erradicar el hambre con simplemente aumentar la productividad agrícola sin atender asuntos de índole social, política y económica fue uno de varios mitos de la revolución verde.

En las palabras del especialista en desarrollo rural Peter Rosset: "El mito de la revolución verde va algo así: las semillas milagrosas de la revolución verde aumentan rendimientos de granos y por lo tanto son claves para poner fin al hambre en el mundo. Rendimientos elevados significan más ingreso para los agricultores pobres, ayudándoles a subir de la pobreza, y más alimento significa menos hambre. Encargarse de las causas en la raíz de la pobreza que contribuyen al hambre toma mucho tiempo y la gente sufre hambre ahora. Así que debemos hacer lo que podemos, aumentar la producción."(5)

La revolución verde fracasó. Hoy día hay tanta o más gente hambrienta en el mundo que cuando ésta comenzó. Si se tiene en cuenta la vasta cantidad de recursos que ésta gastó, entonces hay que concluir que fue uno de los fracasos más grandes del siglo XX. Y sin embargo, hasta el día de hoy los protagonistas y portavoces de este emprendimiento dicen y repiten de manera obcecada que fue todo un éxito, que fue uno de los esfuerzos humanitarios más nobles y exitosos de todos los tiempos. En vista de la persistencia de este discurso triunfalista que no guarda relación alguna con la realidad, no exageramos al afirmar que la revolución verde fue uno de los mayores fracasos de intelecto y uno de los más grandes engaños del siglo pasado.

Según Pat Mooney y Cary Fowler, ambos ganadores del Nobel Alternativo en 1985, la revolución verde fracasó “porque el problema no era simplemente uno de demasiado de poco alimento y no podía ser resuelto simplemente produciendo más. El problema era y es uno de mala distribución y en última instancia una falta de poder y oportunidad entre los hambrientos en países del tercer mundo para participar en el proceso de producción y consumo de alimentos."(6)

(Ver: 
Capitalismo en crisis: El colapso global según el sistema)

"Una de las mayores debilidades de la revolución verde fue su estrecho enfoque en la semilla”, plantean Helena Paul et al. “No pudo ver la finca como un sistema complejo, donde la semilla es sólo un elemento que contribuye a la productividad total. Como resultado, áreas enteras de investigación sobre fertilidad de suelos, cultivos mixtos, manejo de agua y otras prácticas sustentables, que posiblemente podrían duplicar los rendimientos, fueron pasadas por alto a medida que los científicos se enfocaban en encontrar la combinación genética perfecta, un enfoque con grandes limitaciones.” (7)

Las críticas a la revolución verde no son nada nuevo ni novedoso. A principios de la década de los 60, Rachel Carson y Murray Bookchin estaban advirtiendo de los peligros a la salud humana y el ambiente de uno de los mayores pilares de la revolución verde: los pesticidas. En la siguiente década los activistas estadounidenses Frances Moore Lappé y Joseph Collins fundaron la organización no gubernamental Institute for Food and Development Policy, conocida comúnmente como Food First, la cual se ha dedicado a producir materiales educativos acerca del hambre, como artículos y libros, con una visión explícitamente crítica hacia la revolución verde y las políticas neoliberales. En 1977 Lappé y Collins, con la colaboración de Cary Fowler, escribieron “Food First: Beyond The Myth of Scarcity” (publicado en español por la editorial Siglo XXI bajo el título “Comer Es Primero: Más Allá del Mito de la Escasez”). Este importante libro fue de los primeros en hacer una atrevida crítica frontal a todos y cada uno de los supuestos de la revolución verde, en especial el cálculo Malthusiano de sobrepoblación y escasez. En 1981 Food First publicó “Circle of Poison”, un libro acerca de los peligros de los pesticidas que llevó a la creación del Pesticide Action Network (Red de Acción sobre Plaguicidas), una red global que hoy está compuesta de más de 600 organizaciones no gubernamentales, instituciones e individuos en 90 países.

A lo largo de las décadas de los 80 y 90 se sumaron nuevas voces a las críticas a la revolución verde, quienes proponen lo que ha llegado a llamarse agricultura orgánica, o ecológica. La Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM), define esta agricultura de la siguiente manera: “La agricultura orgánica es un sistema de producción que sustenta la salud de los suelos, ecosistemas y la gente. Se sirve de procesos ecológicos, la biodiversidad y ciclos adaptados a condiciones locales, y no en el uso de insumos con efectos adversos. La agricultura orgánica combina tradición, innovación y ciencia para beneficiar el ambiente compartido y promover relaciones justas y una buena calidad de vida para todos los involucrados." (8)

Entre los referentes más importantes en la crítica a la agricultura de revolución verde y el apoyo a la agricultura ecológica cabe mencionar también a las investigaciones pioneras realizadas por Fowler y Mooney (Mooney luego fundó la organización Grupo ETC); el trabajo educativo de la organización internacional GRAIN; el agroecólogo chileno Miguel Altieri; el científico cubano Fernando Funes; la profesora puertorriqueña Ivette Perfecto; la ecofeminista india Vandana Shiva; y un número creciente de organizaciones de pequeños agricultores del Sur y el Norte, agrupados bajo la red mundial Vía Campesina.

Pero los artífices de la revolución verde, viéndose bajo ataque, no soltaron prenda y retaron a los críticos en debate en cada oportunidad que tuvieron. Argumentaron que la agricultura orgánica no es más que un ideal romántico que nunca tendrá los rendimientos necesarios para alimentar un mundo hambriento que urgentemente necesita propuestas prácticas. Borlaug lanzó ataques particularmente vehementes y acérbicos a los proponentes de la producción orgánica. Dijo al New York Times que algunos ambientalistas “son elitistas. Nunca han experimentado la sensación física del hambre. Hacen su cabildeo desde cómodas oficinas en Washington o Bruselas. Si vivieran sólo un mes entre la miseria del mundo en vías de desarrollo, como yo lo he hecho por 50 años, estarían pidiendo a gritos tractores y canales de irrigación y estarían escandalizados por elitistas de moda que están tratando de negarles esas cosas.” (9)

El debate continuó tras el comienzo de un nuevo siglo, y en 2002 la ONU y el Banco Mundial anunciaron que convocarían un cuerpo investigativo de alto nivel que realizaría una minuciosa evaluación de la ciencia y tecnología agrícolas, la cual adjudicaría la controversia revolución verde vs. orgánico de una vez y por todas. El informe final de este esfuerzo, titulado Evaluación Internacional del Conocimiento Agrícola, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (IAASTD), es comúnmente conocido por su nombre corto: la Evaluación Agrícola, y fue publicado en 2008.

Este informe es el resultado de un estudio concienzudo, basado estrictamente en evidencias, que se propuso encontrarle respuesta a la pregunta: “¿Qué debemos hacer para conquistar la pobreza y el hambre, lograr desarrollo sustentable y equitativo, y sostener una agricultura productiva y resistente frente a las crisis ambientales?” Se propone nada menos que determinar la agenda de la agricultura mundial para los próximos 50 años.

“A la Evaluación se le asignó la ambiciosa tarea de contestar la pregunta central de cómo la agricultura en el año 2050 contribuirá a una humanidad bien alimentada y saludable a pesar de los retos de vasta degradación ambiental, crecimiento poblacional y cambio climático, y que lo haga de modo que el potencial para producir alimento no se haya perdido debido a cómo hacemos agricultura”, dice Jack Heinemann, profesor de genética y biología molecular de Nueva Zelanda. “La manera como hacemos agricultura ahora fracasará en hacernos llegar a esta meta. Cómo deberíamos hacer agricultura no era una pregunta fácil de contestar.” (10) Esta exhaustiva evaluación es a la agricultura mundial lo que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es al clima. La similitud entre ambos emprendimientos es más que casual. El director del IAASTD fue Robert Watson, quien presidió el IPCC de 1997 a 2002.

El IAASTD fue redactado por sobre 400 expertos -de agencias internacionales, la comunidad científica, organizaciones no gubernamentales y la empresa privada- que recopilaron datos e informaciones de miles de otros colegas de todas partes del mundo, y fue sometido a dos procesos independientes de revisión por los pares. La evaluación fue financiada por organismos intergubernamentales como el Banco Mundial, el Programa Ambiental de las Naciones Unidas, la UNESCO y la FAO.

El proceso de realizar el informe fue uno sin precedentes pues los gobiernos, instituciones de investigación, la industria y la sociedad civil todos compartieron igual responsabilidad por su diseño y redacción. “El éxito de este experimento da apoyo al valor de la participación de la sociedad civil como socios en condición de igualdad en procesos intergubernamentales y futuras evaluaciones internacionales”, según Lim Li Ching, científica del programa de bioseguridad de la Red del Tercer Mundo y uno de los principales autores del IAASTD (11).

En resumidas cuentas, el informe concluye que el modelo dominante de agricultura moderna está devorando el patrimonio del planeta y poniendo en peligro el futuro de la humanidad. “La agricultura moderna, tal como hoy se practica en el mundo... está explotando excesivamente el suelo, nuestro recurso natural básico, y es insostenible porque hace un uso intensivo tanto de la energía proveniente de los combustibles de origen fósil como del capital, al mismo tiempo que básicamente no tiene en cuenta los efectos externos de su actividad”, declaró Hans Herren, co-presidente del IAASTD. “Si seguimos con las actuales tendencias en materia de producción de alimentos agotaremos nuestros recursos naturales y pondremos en peligro el futuro de nuestros niños.”

Al ser publicado el informe en una actividad en Johannesburgo, Robert Watson declaró categóricamente que mantener el estatus quo en la agricultura no es una opción. “Nuestro cometido era el de analizar no sólo la producción de alimentos aisladamente sino también en relación al hambre, la pobreza, el ambiente y la equidad en relación”, explica Herren. “De modo que nos propusimos estudiar de qué modo la sabiduría agrícola acumulada de la humanidad –conocimientos, ciencia y tecnología- nos ha conducido durante el último medio siglo a la actual situación. También debíamos sugerir opciones para enfrentar los conocidos desafíos de cómo alimentarnos de un modo sostenible tanto social como ambientalmente en los próximos 50 años. Hemos llegado a la conclusión de que sin cambios radicales en el modo en el que el mundo produce sus alimentos el planeta sufrirá daños duraderos.” (12)

(Ver: 
Negocios Sucios SA: Nidera y Southern Seeds...)

La Evaluación Agrícola “enfatiza la importancia de enfoques localmente basados y agroecológicos a la agricultura”, comenta Eric Holt-Giménez, director ejecutivo de Food First. “Las ventajas claves de este modo de agricultura- aparte de su bajo impacto ambiental- son que provee alimento al igual que empleo a los pobres del mundo, además de un excedente para el mercado. Calculando libras por acre estas pequeñas granjas familiares han demostrado ser más productivas que fincas industriales a gran escala. Y usan menos petróleo, especialmente si la comida es comerciada localmente o sub-regionalmente. Estas alternativas, que están creciendo por todo el mundo, son como pequeñas islas de sustentabilidad en mares que cada vez son más peligrosos en lo económico y lo ecológico. A medida que la agricultura industrializada y los regímenes de libre comercio vayan fallándonos, estos enfoques serán las claves para brindar resiliencia a un sistema mundial de alimentos disfuncional”. (13)

“El informe IAASTD pide una redirección sistemática de la inversión, financiamiento, investigación y enfoque de política pública hacia las necesidades de los pequeños agricultores”, dice Lim Li Ching. “Esto involucra el crear espacio para diversas voces y perspectivas, particularmente aquellas que han sido marginalizadas en el pasado, incluyendo los pequeños agricultores y las mujeres. El informe IAASTD dice que se necesita un mayor énfasis en salvaguardar los recursos naturales y prácticas agroecológicas, al igual que en utilizar la amplia gama de conocimiento tradicional que mantienen las comunidades locales y agricultores, que pueden funcionar en asociación con la ciencia y tecnología formales. La agricultura sustentable que es basada en la biodiversidad, incluyendo la agroecología y la agricultura orgánica, es beneficiosa para los agricultores pobres, y necesita obtener el apoyo de marcos apropiados de política pública y regulación. (14)

“El informe refleja un creciente consenso entre la comunidad científica global y la mayoría de los gobiernos de que el viejo paradigma de agricultura industrial, intensiva en energía y tóxica es un concepto del pasado”, dice una declaración conjunta de varias organizaciones de sociedad civil, incluyendo IFOAM, la Red de Acción sobre Plaguicidas y Greenpeace. “El mensaje clave del informe es que los agricultores de pequeña escala y los métodos agroecológicos proveen el mejor camino hacia adelante para evitar la corriente crisis de alimentos y satisfacer las necesidades de las comunidades locales. Por primera vez una evaluación global independiente reconoce que la agricultura tiene una diversidad de funciones ambientales y sociales y que las naciones y los pueblos tienen el derecho a democráticamente determinar las mejores políticas alimentarias y agrícolas. (15)

Hablamos de la revolución verde en tiempo pasado porque desde la década de 1990 hemos estado presenciando lo que podríamos clasificar como una segunda revolución verde. Es importante distinguir las similitudes y diferencias entre ambas. La primera revolución verde se fundamentó sobre semillas convencionales híbridas distribuidas libre de costo, mientras que la nueva revolución verde se sirve de semillas transgénicas patentadas. La primera fue llevada a cabo por instituciones del sector público y fundaciones filantrópicas, mientras que la segunda es obra de corporaciones transnacionales motivadas solamente por el lucro. La líder de estas corporaciones es la estadounidense Monsanto, actualmente la compañía de semillas más grande del mundo, que tiene alrededor del 90% del mercado mundial de semilla transgénica; y están además un pequeño puñado de competidores: las estadounidenses Dow Agroscience y Dupont-Pioneer, y las europeas Bayer Cropscience y Syngenta. A esto hay que añadir la llegada de un nuevo actor en la escena: la Fundación Bill y Melinda Gates, la cual está canalizando grandes sumas de dinero a la agricultura en el Sur, especialmente en el continente africano.

(Ver: Syngenta: ¿Gigante genómico?)

(Ver: Monsanto)

La nueva revolución verde no surge en oposición a la primera. Al contrario, pretende complementarla y adelantarla. Sus artífices y portavoces aceptan el mito del éxito de la primera revolución verde, y las instituciones de ambas revoluciones agrícolas a menudo trabajan en conjunto. El más destacado ejemplo de esta cooperación es la Alianza por una Revolución Verde en África (AGRA), la cual surge de una colaboración entre las fundaciones Gates y Rockefeller. Las instituciones de la primera revolución verde aún existen y continúan haciendo su labor, pero hoy con menos ímpetu que en el siglo pasado. Hoy día el CGIAR y sus centros de investigación agrícola sufren una crisis de financiamiento, al igual que las demás instituciones del sector público en estos tiempos de neoliberalismo. En respuesta, están estableciendo alianzas público privadas con corporaciones de biotecnología. Estos arreglos no están exentos de controversia, pues implican entre otras cosas el patentamiento de colecciones de semilla y el abandono de la investigación y desarrollo de semillas convencionales en favor de las transgénicas.

El gran debate sobre la agricultura continúa. Los aliados de la revolución verde siguen polemizando en la academia y los medios noticiosos a favor de ésta y en pro de las nuevas biotecnologías transgénicas, que son vistas como la continuación lógica de la agricultura industrializada. Están empeñados en condenar los importantes hallazgos de la Evaluación Agrícola al silencio y al olvido. Tan recientemente como en julio de 2011 el blog de la prestigiosa revista Scientific American publicó un artículo que ataca la agricultura ecológica con viejos argumentos e ignorando el IAASTD y numerosas otras referencias valiosas que apuntan a la necesidad y viabilidad práctica de una nueva agricultura ecológica (16).

(Ver: Semillas transgénicas)

En conclusión, no hay actividad humana tan importante como la agricultura. Por lo tanto, los esfuerzos por la protección ambiental- en especial contrarrestar el cambio climático- y los movimientos alternativos que procuran transformar las relaciones sociales y económicas tienen que otorgarle máxima importancia. La evidencia muestra abundantemente que el modelo actual de agricultura industrializada está literalmente poniendo en peligro el planeta entero y lejos de ayudar a combatir el hambre ha hecho lo contrario. Y por otro lado existen alternativas ecológicas viables y prácticas para enfrentar con éxito los retos gemelos del ambiente y de alimentar el mundo.

www.ecoportal.net

Carmelo Ruiz Marrero es periodista investigativo, educador ambiental y director del Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico (http://bioseguridad.blogspot.com/). Es autor de “Balada Transgénica: Biotecnología, Globalización y el Choque de Paradigmas”.

Notas:

1- GRAIN. "El fracaso del sistema alimentario transnacional" Revista Biodiversidad, Sustento y Culturas, octubre 2009. http://www.grain.org/...

2- GRAIN, Entrepueblos y la Campaña "No Te Comas el Mundo", conformada por el Observatori del Deute en la Globalizació, la Xarxa de Consum Solidari y Veterinarios Sin Fronteras. "Cocinando el planeta" 13 de noviembre 2009 http://www.biodiversidadla.org/...

3- Helena Paul y Ricarda Steinbrecher con Devlin Kuyek y Lucy Michaels. “Hungry Corporations” Transnational Biotech Companies Colonise the Food Chain” Zed Books, 2003.

4- Mark Dowie “American Foundations: An Investigative History” MIT Press, 2002.

5- Peter Rosset et al. Citado en H. Paul et al, página 4.

6- Pat Mooney y Cary Fowler. Citados en H. Paul et al, página 14.

7- Helena Paul et al.

8- IFOAM. Definición de agricultura orgánica. http://www.ifoam.org/...

9- Citado en John Tierney. "Greens and Hunger". New York Times, 19 de mayo 2008. http://tierneylab.blogs.nytimes.com/...

10- Jack Heinemann. “Hope Not Hype: The Future of Agriculture Guided by the IAASTD”. Third World Network, 2009.

11- Lim Li Ching. "Overhaul of agriculture systems needed" South-North Development Monitor #6457, 17 de abril 2008.

12- Hans Herren. "La agricultura moderna conduce al desastre ecológico y humano" Agencia IPS, 24 de abril 2008 http://other-news.info/....

13- Eric Holt-Gimenez. "Pouring fuel on the food" Food First, 16 de abril 2008 http://www.foodfirst.org/....

14- Lim Li Ching. "Overhaul of agriculture systems needed" South-North Development Monitor #6457, 17 de abril 2008.

15- "Civil society statement from Johannesburg, South Africa: A new era of agriculture begins today" 12 de abril 2008

16- Christie Wilcox. "Mythbusting 101: Organic Farming > Industrial Agriculture" 18 de julio 2011 http://blogs.scientificamerican.com/...; Tom Philpott "3 ways Scientific American got the organic ag story wrong" 25 de julio 2011 http://motherjones.com/...; Pesticide Action Network "Scientific American fact-checkers on holiday" 25 de julio 2011.http://www.panna.org/...

ENLACES RECOMENDADOS:


Hospital de Firmat: consecuencias del uso de agrotóxicos


Reduas - Medardo Ávila Vázquez en Firmat.mp4

Sintesis de la charla dada en Hospital de Firmat para vecinos y profesionales sobre las consecuencias del modelo de siembra directa con uso intensivo de agroquímicos y consejos para las autoridades y gente interesada, que pueda estar afectada en las zonas aledanias a las fumigaciones. Despertar conciencia de que los que se benefician con este modelo de agronegocios y viven en pueblos afectados, necesitan ante todo de salud y vida sana para disfrutar de sus logros materiales.




MEDARDO ÁVILA VÁZQUEZ DISERTÓ EN EL GARRAHAN

“La fumigación aérea es una guerra química contra la población”

El coordinador de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados alertó sobre los efectos nocivos de los agroquímicos en la salud. Junto a otros especialistas, propusieron cuestionar el modelo productivo asociado a la soja transgénica.
La muerte las tomó por sorpresa. El depósito de una avioneta cargada de agrotóxicos se abrió por accidente, derramando endosulfán sobre un campo de la ciudad de Guichón, en Uruguay.  Ese mismo día, 9 de abril de 2009, cincuenta vacas perecieron al ingerir pasto contaminado. Pero el problema no terminó ahí. La contaminación llegó a las aguas y, con el correr de los días, murieron también cerdos, gallinas y cientos de bovinos más. “Imaginen si esto era un jardín de infantes o una escuela… ¡Porque, acá, nos fumigan las escuelas!”, cuestionó el doctor Medardo Ávila Vázquez, coordinador de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, surgida en la Universidad Nacional de Córdoba, quien brindó una charla al respecto en el Hospital Garrahan, donde se atienden periódicamente a muchos niños provenientes de esos pueblos.

Durante la exposición, Ávila Vázquez, médico pediatra, neonatólogo y quien también fuera subsecretario de Salud de la Ciudad de Córdoba, contó a sus colegas las principales conclusiones de los primeros dos Encuentros de Médicos de Pueblos Fumigados (2010/2011): que los herbicidas son tóxicos y enferman; que hay que prohibir las fumigaciones aéreas; y que hay que reclasificar a los agroquímicos como productos de alta peligrosidad.

“Los pesticidas derivan de los gases neurotóxicos desarrollados en la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de paralizar a los enemigos”, explicó el coordinador de la Red. “El DDT es el insecticida más famoso del mundo porque creó la “revolución verde”: se suponía que con este agroquímico se iba a poder producir de manera exponencial y solucionar los problemas de hambre en el mundo. Tan exitoso fue que, al doctor Paul Müller, su creador, le dieron el Premio Nobel en 1948. Tiempo después, se demostró que es sumamente tóxico y persistente, y se erradicó de todos lados”.

Los herbicidas, en tanto, fueron inventados por los ingleses. El primero fue el 2-4 D, desarrollado para bombardear las plantaciones de remolacha y batata de los alemanes. Pero los estadounidenses no se quedaron atrás: armaron una división para bombardear Japón y producir una crisis alimentaria al liquidar las plantaciones de arroz. Sin embargo, finalmente no la utilizaron, porque consiguieron algo “mejor”: la energía nuclear, con la que destruyeron Hiroshima y Nagasaki.

“Ya sabemos que los herbicidas son venenosos. El asunto, ahora, es si prohibirlos o no”, completó el doctor Andrés Carrasco, investigador principal del CONICET y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, que estaba presente en el público. Carrasco es autor del trabajo sobre los efectos teratogénicos del glifosato, un agroquímico que, aun hoy, se utiliza tanto en zonas rurales como en urbanas, y que ha despertado polémicas y reclamos desde diferentes sectores de la sociedad.

Además, estuvo presente la doctora Analía Otaño, integrante de la Red de Salud Popular Ramón Carrillo, que trabaja desde hace treinta años en el área de salud pública de la provincia del Chaco.

Un veneno que se esconde en el aire

El modelo productivo actual del país, basado en gran medida en la exportación de soja transgénica, está estrechamente relacionado con el uso de agroquímicos. Según la Red, actualmente se utilizan unos 340 millones de litros, de los cuales 240 millones, es decir, un 70%, es glifosato. No es el más tóxico pero sí el que más se usa. Además, año tras año, la dosis utilizada ha ido en aumento, debido a la progresiva resistencia de las malezas al efecto del agroquímico.

“Hay que prohibir las fumigaciones aéreas y alejar las fumigaciones terrestres de las áreas pobladas”, reclama el ex subsecretario de Salud cordobés. La Unión Europea, por su parte, prohibió las fumigaciones aéreas en los Estados miembro en 2009. “La fumigación aérea es incontrolable, es criminal, es una guerra química sobre la población”, enfatizó Ávila Vázquez. “En Argentina, también habría que prohibirla”.

Al respecto, Silvia Ferreyra, asesora de la diputada nacional de Libres del Sur, Cecilia Merchán, comentó que desde este bloque se presentó un proyecto de ley para prohibir la fumigación aérea y limitar la terrestre; y además, para prohibir el endosulfán, el insecticida de mayor uso en el país. “Es un proyecto muy reticente para todas las bancas, tanto del oficialismo como de la oposición. Es un tema transversal”, aseguró.

“Hemos logrado que Argentina adhiera al Protocolo de Estocolmo para erradicar al endosulfán a nivel mundial”, se alegró Ávila Vázquez. Sin embargo, rápidamente aclaró que el SENASA, el organismo que se encarga del control y clasificación de los agroquímicos, determinó que se va a prohibir recién a partir del año 2013.

Según explicó el médico, el directorio del SENASA está compuesto por representantes de los productores, del gobierno nacional y de la cámara de estos productos. “Ellos determinan qué se usa y qué no, según sus necesidades”, señaló.

Por otra parte, en Canadá, Australia y otros países, la institución que aprueba los agroquímicos responde al Ministerio de Salud o de Ambiente. Entonces, el Ministerio de Agricultura le pasa una lista con los productos que quiere utilizar para que la institución designada decida cuáles aprueba y cuáles no, basándose en los efectos nocivos sobre la salud humana y ambiental. “Acá, en cambio, el león, el tigre y la pantera deciden qué hacer con los ratoncitos”, metaforizó Ávila Vázquez.

Como ratas de setenta kilos

“Lo que tenemos acá es un conflicto de intereses entre la salud de la gente y el sistema de producción del país”, planteó el coordinador de la Red de Médicos, y Carrasco coincidió con esto. “El modelo productivo es un problema de salud. Y no va a haber salud si no cuestionamos el modelo productivo”, advirtió el investigador del CONICET.

Pero, como cambiar el modelo productivo de la noche a la mañana no es posible, lo que reclaman los médicos de los pueblos fumigados es que se reclasifiquen los agrotóxicos según los nuevos datos científicos.

“Actualmente, están clasificados como de baja peligrosidad, pero esto está tomado en base a la toxicidad en ratas. Y hay un trabajo publicado el año pasado en el que se estudiaron los efectos en humanos”, señaló el médico cordobés. “Así, productos que estaban clasificados de baja toxicidad en ratas, tienen una tasa de letalidad del 15 o 17 por ciento en humanos, por lo que tendrían que estar clasificados de altísima toxicidad y ser eliminados”, aseveró.

Finalmente, Ávila Vázquez invitó a sus colegas del Garrahan a que, al ser médicos de pacientes de pueblos fumigados, se unan a la Red y se sumen a la lucha contra los agroquímicos. “Para que no nos consideren más como ratas de setenta kilos”, concluyó.

Fecha de Publicación: 2011-08-12
Fuente: Agencia CTyS





4 de octubre de 2011

Máximo Sandín y La Nueva Biología.



El pasado jueves 17 de diciembre, pude asistir a una charla impartida porMáximo Sandín profesor de bioantropología de la Universidad Autónoma de Madrid. La charla, conferencia o cómo lo que queramos llamar, se enmarcaba en un máster de enfermería y se celebró en el aulario B de la Facultad de Medicina de Zaragoza.
Asistía con interés por ver a uno de estos nombres que ya empiezan a estar referenciados en cantidad de textos, y las ganas por escucharle se fueron agrandando al oír una presentación en la que nos presentaban el concepto de La Nueva Biología, que puede servirnos para ir recogiendo pedacitos de “ese espejo roto que es la realidad”.
Máximo Sandín comenzó presentándonos entre otros el caso de Jessie Gelsinger, un joven que murió tras recibir terapia génica experimental para una enfermedad de hígado hereditaria.
Este inicio subrayaba un mensaje que Máximo Sandín  desarrollaría a lo largo de su discurso, el de creer en una ciencia al servicio del hombre y no del mercado, una ciencia biológica que deje atrás lastres de tinte violento, machista o fascista y que anteponga la idea de Cooperación a la de Competencia.
En esta línea se introduce cuando asalta el tema de la Evolución haciendo un repaso de la figura histórica de Darwin y las condiciones que propiciaron el auge de su best-seller “El Origen de las Especies” que él propone entender como una traducción de las tesis liberales y coloniales al sistema natural.
Un dato curioso que quiero recordar aquí es el subtítulo que Máximo nos descubrió tras el conocido “El origen de las especies por selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”, un epígrafe que sin duda resultó un buen logo de marketing entre la aristocracia burguesa anglosajona mediado el siglo XIX.
En esta parte de la charla se soltó todo el veneno que se pudo contra la figura deDarwin y sus secuaces contraponiendo por otra parte la figura de Lamarck quién pude ser revisado hoy con las nuevas investigaciones sobre transferencia de información genética gracias a virus mensajeros.
Frente al azar caótico y mutacional propuesto en las teorías de la Evolución comúnmente aceptadas, M. Sandín propone echar un vistazo a las investigaciones punteras en biología molecular que ayudan a ver la vida como una compleja red de interacciones. Murió el dogma “un gen, una proteína” y ya hemos aprendido a hablar de proteoma e interactoma; Ludwig von Bertalanffy trata de poner algo de orden en esto con la interdisciplinar Teoría de Sistemas (general systems theory).
Un interactoma es un complejo de interacción en el cual encontramos genes no lineales ni puntuales, sus RNA se combinan pudiendo dar gran variedad de informaciones finales diferentes. Máximo nos simplificaba esta imagen asimilando estos fragmentos con sílabas y no con palabras como se nos solía contar.
Un par de preciosas representaciones gráficas del interactoma que ilustran la belleza de las teorías de la Nueva Biología.
Y una visita visual virtual a la comlejidad interactiva del interactoma.
“the more expert a scientist is, the less easy it is to be sure about what, if anything, a gene actually is”
La cita creo que corresponde a la revista Nature 5/26/06, referencia tomada aprisa durante la conferencia.
Así con una idea clara de base cooperativa en nuestro origen endosimbionte(Lynn Margulis), y con datos como el de que “hay 10 veces más bacterias dentro del organismo que células”, podemos dar el paso fácilmente a una nueva visión de la vida donde no se culpe a las bacterias y a los virus como malvados, se nos propone que entendamos que este juego de la vida no es una cuestión de polis y cacos.  Según expuso Sandín, un 1.5 de nuestro genoma son exones (ese ADN que hemos secuenciado con gran algarabía), pero es que un 9 % de nuestro mismo genoma son Virus endógenos, más de un 50 %  del genoma corresponde con el mal denominado ADN basura (junk DNA).
Podemos mirar más lejos, estos datos nos llaman a levantar la vista y entender la suma complejidad que hace posible la vida, su delicado equilibrio. Según Máximo Sandín y otr*s autor*s (pues el conferenciante hilaba cada una de sus exposiciones con correspondientes referencias bibliográficas) “El gen egoísta de R. Dawkins es un libro al servicio del dogma darwinista y que entorpece el desarrollo de la ciencia”.
Así pues, Sandín aboga: no por mutaciones y reproducción sexual como principales agentes de progreso evolutivo gradual sino la cooperación con cambios más repentinos por la función de cambios de paquetes génicos por medio de esos Virus que tan mala fama se han ganado por parte de la Biología tradicional. Datos para dar importancia a los virus se expusieron, como el que haya 10000 millones de virus por litro de agua en el mar, o el caso de que los retrovirus endógenos producen la inmunosupresión durante el embarazo.
La conferencia hace una defensa del papel de Virus y Bacterias en el equilibrio de la Naturaleza y de la Vida, Es una llamada a la salud ecológica que tenga en cuenta la importancia de cada elemento de este complejo sistema, de este modo el cariz patológico de virus y bacteria se ve sobrepasado por una visión más amplia que nos hace entender que son las agresiones al medio las que desestabilizan ese rol cooperativo de los microbios.
Reconociendo la importancia de los agentes microbianos en el curso de la historia de la Vida y habiendo intuido mínimamente hasta dónde puede llegar su complejidad y su infinita potencialidad de interacción, Máximo Sandín atacó las reducciones simplistas que nos hagan creer que se ha descubierto el gen de tal o cual enfermedad, o considera igual de necias y simples las tareasreduccionistas de la ingeniería genética que juega irresponsablemente con unas consecuencias que no se pueden prever. A partir de aquí desenmascaró sin ningún tapujo a las empresas farmacéuticas de las que afirmó que eran “la mafia más siniestra que existe  en la Tierra”. A la vez que nos presentó asociaciones como la “american academy of environmental medicine” que clama por una moratoria sobre los organismos modificado genéticamente (OMGs), también nos presentaba estudios respaldando ese riesgo para la salud y el riesgo de transferencia genética horizontal. En el campo de las industrias farmacéuticas (y debo recordar que esta charla se enmarcaba en un master de enfermería) se nos presentaron cantidad de artículos relacionando vacunaciones y posteriores brotes de enfermedad en poblaciones sanas.
Ilustración de elroto.

Las turbias e imbricadas relaciones entre distintos organismos y empresas de este nivel también fueron desveladas sin pelos en la lengua: “La OMS está controlada por la industria farmacéutica”. De idéntica manera se refería al jurado de los Premio Nóbel. Una catarata de datos estremecedores en torno al tamiflu, la vacuna del pailoma, los Rockefeller y su forma de hacer dinero, o el origen del virus del SIDA anunciaban que la charla estaba por concluir.
Así que con la idea de que este es el mundo en el que vivimos, y que conociendo todo esto no hay más que apretar los dientes y soltar la rabia contenida para conseguir cambiarlo, sobreponiéndonos al pesimismo del conferenciante, nos envolvimos en un turno de preguntas e intervenciones que sin duda inundó de energía positiva aquella sala. Personalmente acabé felizmente embriagado por haber presenciado a uno de esos autores que has visto citado como referencia; en su conferencia resulta difícil compaginar  su mensaje de cooperación y equilibrio con un discurso casi violento, no duda en descalificar a científicos que consideramos reputados, a empresari*s, a famos*s …

Pero por otra parte, ante el conocimiento fehaciente de una realidad tan turbia y fétida no es natural cargarse de odio, o el calificar de natural una respuesta violenta como la del discurso de Sandín va en contra de su propia tesis de equilibrio y cooperación. En fin, me veo enredado en un loop sinfín del que sólo puedo salir recordando lo entrañable y vertiginoso de esa sensación en la que sientes desmoronarse la tarima en la que llevas tiempo subido, lo alegre de esa vivencia en la que el miedo no te puede pues te sabes acompañad* con otr*s tant*s del mismo lado de la trinchera, en esta ocasión, del lado del Equilibrio de la Naturaleza, del lado de  La Nueva Biología, sin duda con Máximo Sandín.
Fotografía tomada de aquí.
  • Algunas conferencias en internet:
  • Artículos de Máximo Sandín – descargables
  • Más sobre Máximo Sandín.


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